El cometa interestelar 3I/Atlas pasó cerca del Sol el año pasado y, en ese tránsito, algo cambió. No fue solo un viaje más por el sistema solar: el calor de la estrella activó su superficie helada y lo transformó en un objeto mucho más dinámico y brillante. Ahora, nuevas imágenes publicadas por la NASA muestran con detalle ese “despertar” y ofrecen una pista clara de qué materiales esconde en su interior.
Las fotografías fueron tomadas por el observatorio espacial SPHEREx, que captó al cometa en dos momentos clave de 2025. Primero, en agosto, cuando alcanzó su punto más cercano al Sol. Después, en diciembre, cuando pasó más cerca de la Tierra. Comparar ambas etapas permitió a los científicos ver cómo la nube que lo rodea —la coma— se volvió más densa y activa.
En las imágenes más recientes, la estructura aparece cargada de polvo y gas. La explicación es directa: al calentarse, los hielos del cometa comenzaron a evaporarse y liberaron sustancias que llevaban atrapadas desde su formación. Ese proceso, conocido como sublimación, es típico de los cometas, pero en este caso dejó señales químicas especialmente visibles.
Los instrumentos de SPHEREx detectaron hasta 40 veces más vapor de agua alrededor del objeto que en la primera observación. También registraron por primera vez moléculas orgánicas simples, además de nubes más extensas de dióxido y monóxido de carbono. Todo ello hizo que el cometa aumentara su brillo de forma notable tras su paso por el Sol.
Para los investigadores, no se trata de buscar vida, sino de entender mejor los ingredientes básicos con los que se forman los sistemas planetarios. En astronomía, “orgánico” solo significa que contiene carbono e hidrógeno. Son compuestos comunes en el espacio y funcionan como piezas elementales de la química que dio origen a planetas y, mucho después, a la biología.
El hallazgo también tiene algo de casualidad. SPHEREx no fue diseñado para estudiar un único objeto, sino para cartografiar el cielo completo en luz infrarroja cercana y construir un mapa químico del universo. Sin embargo, su posición y su capacidad para analizar la luz en distintos colores le permitieron aprovechar la oportunidad cuando 3I/Atlas apareció en su campo de visión.
Ese cruce fortuito terminó ofreciendo una radiografía detallada de un visitante que viene de fuera del sistema solar. Cada dato sobre su composición ayuda a comparar nuestro entorno cósmico con otros sistemas estelares lejanos.
Más que una simple colección de fotos, las nuevas imágenes convierten a 3I/Atlas en una cápsula del tiempo. Al estudiar cómo reaccionó al calor solar, los científicos no solo observan un cometa más activo, sino también un fragmento de materia primitiva que viajó durante millones de años antes de dejarnos, por unos meses, un vistazo directo a su historia.
Fuentes: