Las turberas del Ártico no solo están resistiendo el calentamiento, también están expandiéndose. Un estudio dirigido por la Universidad de Exeter concluye que estos ecosistemas han avanzado desde mediados del siglo XX y que, en algunos puntos, sus bordes se desplazan más de un metro por año. El dato aparece en un contexto marcado por un aumento medio de alrededor de cuatro grados en la región durante las últimas cuatro décadas.
Las turberas son terrenos húmedos donde la materia vegetal se acumula bajo condiciones de saturación de agua. Con el tiempo, ese proceso da lugar a la formación de turba, un material rico en carbono que funciona como uno de los mayores almacenes naturales del planeta. Aunque ocupan solo una pequeña fracción de la superficie terrestre, concentran más carbono que toda la biomasa forestal mundial.
Para evaluar si estos ecosistemas estaban ganando terreno, el equipo analizó 91 muestras en 12 puntos del Ártico europeo y canadiense. A partir de núcleos de turba extraídos en forma de columnas de suelo, reconstruyeron la evolución histórica de cada sitio y determinaron cuándo comenzó a formarse turba en los márgenes actuales.
Los resultados muestran que las turberas estudiadas cubren hoy una superficie mayor que en cualquier momento de los últimos dos o tres siglos y continúan acumulando turba de manera activa. El periodo de mayor expansión coincide con la etapa posterior a la industrialización, cuando el calentamiento global se intensificó. Dado que el análisis incluyó entornos diversos dentro del Ártico, los autores consideran probable que el fenómeno no se limite a los lugares examinados.
El avance está vinculado a cambios en la vegetación. El aumento de las temperaturas ha favorecido el crecimiento de plantas que contribuyen a la formación de turba, impulsando así la expansión. El estudio se centró en el movimiento de los bordes y no calculó el área total cubierta, por lo que aún no se conoce con precisión la magnitud global del proceso.
El hallazgo tiene implicaciones directas para el ciclo del carbono. A medida que las turberas crecen y acumulan nueva turba, retiran carbono de la atmósfera y lo almacenan en el suelo. Ese mecanismo puede actuar como freno parcial al calentamiento. No obstante, un aumento extremo de las temperaturas podría revertir la tendencia y provocar la degradación de estos ecosistemas, liberando el carbono acumulado durante siglos.
La región ártica atraviesa una transformación acelerada. En ese escenario, la expansión de las turberas introduce un elemento adicional en el delicado equilibrio climático. El estudio confirma que estos paisajes están cambiando y que su evolución tendrá consecuencias para la estabilidad del sistema climático en las próximas décadas.