Durante décadas, la ciencia ha tenido un enigma clavado en el hielo. La Antártida se congeló hace 34 millones de años, pero lo hizo cuando la Tierra era unos cinco grados más cálida que hoy, algo que parece un contrasentido. ¿Cómo se forma la mayor capa de hielo del planeta en pleno calor?
Un nuevo estudio, publicado en la revista Science y liderado por la Universidad de Southampton, ofrece una respuesta sorprendente. La clave no estuvo tanto en el frío que venía del cielo, sino en la tierra que se elevó desde abajo.
La explicación clásica decía que todo se debió a una bajada del dióxido de carbono en la atmósfera, que enfrió el planeta. Pero esa idea cojeaba, porque si fuera solo el CO2, los dos polos se habrían helado más o menos a la vez. Y no fue así, ya que el hemisferio norte tardó unos treinta millones de años más en congelarse.
Cuando el suelo sube, el hielo cuaja
La respuesta que proponen los investigadores es que el propio continente antártico se fue levantando poco a poco. Cuando la Antártida empezó a separarse de África, hace más de cien millones de años, unos movimientos profundos de la Tierra empujaron el terreno hacia arriba, formando altas mesetas y cordilleras como las montañas Gamburtsev, hoy sepultadas bajo el hielo.
El motor de ese ascenso son las llamadas ondas del manto, un fenómeno descubierto por el propio equipo. Son ondulaciones lentísimas que recorren las profundidades del planeta cuando las placas se separan, y que al pasar bajo la Antártida fueron elevando el interior del continente como quien hincha muy despacio un colchón bajo una alfombra.
Y la altura lo cambia todo, porque cuanto más subes, más frío hace. La temperatura del aire baja aproximadamente un grado por cada cien metros que se gana en altitud, así que pequeñas diferencias de altura deciden si la nieve del verano se derrite o sobrevive y se acumula año tras año. Hace 34 millones de años, casi media cordillera ya superaba los dos kilómetros, la altura mágica para que el hielo aguantara todo el año.
A partir de ahí, el proceso se aceleró solo. El hielo, blanco y brillante, empezó a reflejar la luz del Sol de vuelta al espacio, enfriando aún más la zona, y el aire, cada vez más frío y seco, dejó escapar el calor con más facilidad. Esas reacciones en cadena permitieron que el hielo bajara desde las montañas y acabara cubriendo todo el continente hasta la costa.
El hallazgo va más allá de la Antártida, cuya capa de hielo guarda hoy agua suficiente para subir el nivel del mar unos 52 metros si se derritiera del todo. Los autores creen que el interior de la Tierra prepara el terreno para las glaciaciones, decidiendo cuándo y dónde son posibles, una idea que podría cambiar cómo entendemos las antiguas edades de hielo y también los futuros puntos de no retorno del clima.