El 28 de marzo de 2025, Myanmar vivió su mayor catástrofe sísmica en más de un siglo. Un terremoto de magnitud 7,7 devastó el centro del país, propagándose a lo largo de la falla de Sagaing y generando una ruptura superficial de 460 kilómetros, con desplazamientos de hasta 6 metros. La sacudida alcanzó intensidad IX en la escala de Mercalli y afectó gravemente a ciudades como Mandalay, Sagaing y Naypyidaw, llegando su impacto hasta Bangkok, donde colapsó un rascacielos y fallecieron 29 personas.
El saldo humano fue trágico: más de 4.900 muertos y 6.000 heridos, además de una destrucción generalizada en viviendas, templos y edificios gubernamentales. Equipos de rescate de China y Bielorrusia participaron en las labores de emergencia en Mandalay, reflejando la dimensión internacional del desastre.
La causa principal fue el movimiento de la falla de Sagaing, un límite tectónico activo que separa la microplaca de Birmania y la placa de Sunda. Este segmento registra un desplazamiento anual de 20 mm y ha provocado numerosos terremotos históricos, como los de 1930, 1946 y 1956. Sin embargo, la ruptura de 2025 se destacó por su velocidad y extensión, desencadenando colapsos en infraestructuras críticas, tanto en Myanmar como en las cuencas de suelo blando de Tailandia.
Más allá de la destrucción inmediata, el evento expuso la falta de preparación en planificación urbana, códigos de construcción y preservación del patrimonio. Edificios históricos y modernos colapsaron, revelando debilidades estructurales y una respuesta de emergencia insuficiente para un evento de tal magnitud.
El análisis multidisciplinario, publicado en Journal of Dynamic Disasters, integró modelos sísmicos, registros históricos y evaluaciones socioeconómicas para comprender el alcance del desastre. Se identificaron riesgos en cascada, como la propagación de ondas sísmicas a grandes distancias y la vulnerabilidad de infraestructuras en países vecinos.
Los autores recomiendan una urgente modernización de infraestructuras, la adopción de estándares sísmicos más estrictos y el fortalecimiento de la cooperación internacional en la gestión de desastres. La implementación de sistemas avanzados de monitoreo y alerta temprana resulta crucial para prevenir futuras tragedias en una región marcada por el crecimiento urbano y el riesgo tectónico.
Finalmente, el estudio destaca la importancia de integrar la ciencia, la ingeniería y las políticas públicas para reducir la vulnerabilidad social y material en el sur y sureste asiático. La experiencia de Myanmar en 2025 es una advertencia sobre la necesidad de invertir en resiliencia frente a los desastres naturales intensificados por el cambio climático y la urbanización acelerada.
Referencias: 10.1016/j.jdd.2025.100017