Terremoto en Myanmar deja más de 3.000 muertos y eleva la desesperación por encontrar supervivientes
El potente terremoto de magnitud 7,7 que sacudió Myanmar el 28 de marzo ha dejado más de 3.000 muertos y miles de heridos, mientras continúa una carrera contrarreloj para encontrar supervivientes entre los escombros.
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
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Las cifras oficiales más recientes señalan al menos 3.085 muertos, 4.715 heridos y 341 personas desaparecidas, según la cadena estatal MRTV. No obstante, el nivel de destrucción y la dificultad de acceso a ciertas zonas hacen temer que el número real de víctimas sea mucho mayor.
El epicentro del sismo se localizó en la región de Sagaing, muy cerca de Mandalay, una zona densamente poblada y con gran valor histórico. El colapso de un puente sobre el río Irrawaddy ha dejado aisladas muchas comunidades, dificultando el envío de ayuda.
En Bangkok, capital de Tailandia, al menos 18 personas fallecieron tras el derrumbe de un rascacielos en construcción. Equipos de rescate detectaron señales de vida entre los restos, lo que obligó a suspender el uso de maquinaria pesada para facilitar el rescate de posibles supervivientes.
“Escuchamos una voz de mujer tras usar un escáner y detectamos movimiento. Desde entonces mantenemos el silencio para escuchar cualquier señal de vida”, explicó Chadchart Sittipunt, gobernador de Bangkok.
El sismo ocurrió a una profundidad de 10 km, lo que intensificó su impacto. El Servicio Geológico de EE. UU. estima que la energía liberada equivale a 334 bombas atómicas, con una ruptura que desplazó la tierra cinco metros en un minuto.
Las consecuencias humanitarias son enormes. Miles de personas han perdido sus hogares y pasan las noches en espacios abiertos, mientras los hospitales colapsan y faltan suministros médicos. La ONU y diversas naciones han prometido ayuda de emergencia, aunque las dificultades logísticas ralentizan los operativos.
El terremoto agrava la crisis preexistente en Myanmar, sumido en una guerra civil desde el golpe de Estado de 2021. Zonas controladas por distintas fuerzas enfrentadas complican el acceso de los equipos de rescate internacionales.
La comunidad internacional teme que la respuesta sea insuficiente frente a la magnitud del desastre. “Esto no es solo un desastre natural; es una crisis humanitaria compleja que se suma a vulnerabilidades existentes”, advirtió Alexander Matheou de la Cruz Roja.
Las réplicas continúan y las autoridades mantienen el nivel de alerta máxima. La prioridad sigue siendo encontrar supervivientes y evitar el colapso sanitario en las regiones afectadas.
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