Un niño canadiense de once años murió de rabia en el verano de 2024, después de despertarse una noche con un murciélago posado sobre la nariz y la boca en una cabaña del norte de Ontario. Su caso lo acaban de publicar médicos del hospital infantil McMaster en la revista de la asociación médica de Canadá.
No había mordedura visible ni el animal parecía enfermo, así que la familia no buscó atención médica. Esa decisión pesó, porque la rabia se frena con tratamiento a tiempo, pero es casi siempre mortal una vez que asoman los síntomas.
Una mordedura que puede pasar inadvertida
Los dientes de un murciélago son tan pequeños que su mordedura o su arañazo pueden no dejar rastro. Por eso los médicos consideran que cualquier contacto directo con uno de estos animales, aunque no se aprecie lesión, es motivo para valorar el tratamiento preventivo. Un ejemplar rabioso a veces actúa raro, pero parecer sano no descarta el riesgo.
La rabia avanza sin avisar. El virus viaja por los nervios hasta el cerebro, con una incubación que suele ir de dos a ocho semanas, aunque puede acortarse cuando la exposición ocurre en la cara o la cabeza, más cerca del cerebro. En el niño, los primeros signos llegaron a los diecinueve días.
Cuando los síntomas aparecen, apenas hay vuelta atrás. En el mundo solo se han documentado treinta y cuatro supervivientes, casi todos con secuelas graves. A este niño lo trataron primero por una parálisis facial y luego por un herpes, y murió diecisiete días después de ingresar, cuando la rabia ya era irreversible.
El contacto basta para actuar
El mensaje que los médicos quieren que cale es sencillo. Ante cualquier contacto directo con un murciélago conviene lavar la zona con agua y jabón y acudir cuanto antes a un centro sanitario, sin esperar a ver una herida. Allí valorarán la profilaxis posexposición, que combina vacuna e inmunoglobulina y resulta muy eficaz si se aplica antes de los síntomas.
La otra cara del caso es esperanzadora. Ese tratamiento evita la enfermedad de forma casi segura cuando se administra a tiempo, y en España ya se ha aplicado sin incidentes, como en 2018, cuando dos personas mordidas por murciélagos lo recibieron y ninguna enfermó. La clave no es el miedo, sino reaccionar rápido.
Rara en España, pero conviene no confiarse
En España el riesgo es muy bajo. La península y las islas están libres de rabia terrestre desde 1978, y en lo que va de siglo solo se han notificado dos casos humanos, ambos importados tras sendas mordeduras en Marruecos, en 2014 y en 2019. La rabia clásica de los perros está, en la práctica, ausente.
Eso no significa que los murciélagos españoles estén limpios. Algunos portan lisavirus emparentados con la rabia, así que consultar ante un contacto vale igual aquí. Con todo, en treinta años solo una persona ha muerto por rabia de murciélago en toda Europa, ninguna en España.
El panorama global es otro. La rabia mata a unas 59.000 personas al año, según la OMS, casi siempre por mordeduras de perro y con muchos niños entre las víctimas. Los murciélagos, en cambio, son beneficiosos y menos del uno por ciento de los sanos porta el virus, así que la meta no es temerlos, sino saber reaccionar.