Un nuevo informe de McKinsey revela que el petróleo, el gas y el carbón seguirán siendo pilares de la matriz energética mundial incluso después de 2050. La consultora estima que estos combustibles representarán entre el 41% y el 55% del consumo global, pese al crecimiento de las energías renovables.
El estudio explica que la demanda eléctrica crecerá con fuerza debido al aumento del consumo industrial, la expansión de la construcción y el auge de los centros de datos. Solo en Estados Unidos, el uso energético de estas instalaciones podría incrementarse un 25% anual hasta 2030.
McKinsey advierte que el gas natural seguirá ganando terreno en la generación eléctrica, mientras que el carbón podría mantenerse más tiempo del previsto en ciertos mercados emergentes.
Un desafío para los objetivos climáticos
La consultora reconoce que este escenario dificulta alcanzar las metas de emisiones netas cero. Aunque las energías renovables podrían cubrir hasta el 67% de la mezcla energética en 2050, su adopción global se ve frenada por la falta de políticas que obliguen a su uso.
“No esperamos que la demanda de petróleo se estabilice antes de la década de 2030”, explicó Diego Hernández Díaz, socio de McKinsey, quien señaló que la economía global aún depende fuertemente de los combustibles tradicionales.
El informe también subraya la influencia de factores geopolíticos y económicos: los gobiernos priorizan la asequibilidad y la seguridad energética sobre los compromisos climáticos, lo que prolonga la dependencia del petróleo y el gas.
Con ello, McKinsey concluye que el futuro energético seguirá marcado por un equilibrio inestable entre las ambiciones climáticas y la realidad del consumo global.
Fuente: Reuters