Un estudio reciente publicado en la revista científica Scientific Reports describe un fósil que podría cambiar la cronología conocida de los grandes depredadores del Cretácico. El hallazgo procede de la formación geológica Kirtland, en Nuevo México, y consiste en una tibia atribuida a un gran tiranosáurido.
Los investigadores dataron el fósil en aproximadamente 74 millones de años, durante el Campaniense, una etapa del Cretácico superior. Esta fecha resulta significativa porque adelanta varios millones de años la posible aparición de tiranosaurios cercanos a los gigantes que dominaron los ecosistemas al final de la era de los dinosaurios.
El famoso Tyrannosaurus rex, uno de los depredadores más conocidos de la paleontología, vivió mucho después. Las evidencias fósiles sitúan su existencia entre hace 68 y 66 millones de años, en la fase final del Cretácico. El nuevo hallazgo sugiere que algunos de sus posibles antecesores o parientes cercanos podrían haber aparecido antes de lo que indicaban los registros fósiles conocidos.
El fósil analizado es una tibia de 96 centímetros de longitud y un diámetro máximo de 12,8 centímetros. Sus dimensiones son notables para un tiranosáurido de esa época. De acuerdo con las proporciones observadas en otros miembros del grupo, los científicos estiman que el animal al que pertenecía podía pesar alrededor de cinco toneladas.
Ese tamaño supera el de varios tiranosaurios conocidos del mismo periodo geológico. En la región donde se encontró el fósil se había identificado anteriormente otra especie, Bistahieversor sealeyi. Sin embargo, la tibia estudiada presenta dimensiones mayores que las registradas en los ejemplares atribuidos a ese dinosaurio.
Los investigadores analizaron las características morfológicas del hueso para intentar determinar su posición evolutiva. La robustez del fémur y ciertas proporciones del hueso sugieren que podría estar relacionado con el grupo Tyrannosaurini, el linaje que incluye al propio Tyrannosaurus.
Si esa interpretación se confirma, implicaría que miembros de este grupo o de sus parientes más cercanos ya habitaban América del Norte hace unos 74 millones de años. Esto situaría el origen de los grandes tiranosaurios varios millones de años antes de lo que indicaban algunos registros fósiles anteriores.
Los científicos también contemplan otras posibilidades. El hueso podría pertenecer a un individuo excepcionalmente grande de una especie ya conocida, como Bistahieversor. Otra hipótesis plantea que represente una línea evolutiva de grandes tiranosaurios que aún no ha sido plenamente identificada.
Este tipo de incertidumbre es habitual en paleontología, especialmente cuando el hallazgo se basa en un único elemento del esqueleto. Aun así, incluso un solo hueso puede aportar pistas valiosas sobre la diversidad y evolución de los dinosaurios depredadores del Cretácico tardío.
Los tiranosaurios fueron los principales depredadores terrestres del hemisferio norte durante el final de la era de los dinosaurios. Algunas especies alcanzaron más de diez toneladas de peso y más de doce metros de longitud, convirtiéndose en uno de los ejemplos más extremos de gigantismo entre los carnívoros terrestres.
El nuevo fósil no resuelve por completo el origen de ese gigantismo, pero añade una pieza importante al rompecabezas evolutivo. Cada nuevo descubrimiento ayuda a reconstruir cómo surgieron estos depredadores y cómo evolucionaron antes de convertirse en los gigantes que dominaron los ecosistemas del Cretácico superior.