Los gorilas, los primates más grandes del planeta, están desapareciendo de la Tierra a un ritmo alarmante. La caza furtiva y la destrucción de su hábitat natural han reducido drásticamente sus poblaciones, lo que llevó a la ONU Medioambiente a proclamar el 24 de septiembre como el Día Mundial del Gorila.
Algunos ejemplares han logrado sobrevivir gracias a la protección de parques nacionales como Bwindi en Uganda, Virunga en la República Democrática del Congo y el Parque de los Volcanes en Ruanda. En conjunto, estas tres áreas concentran poco más de un millar de gorilas de montaña, considerados un símbolo de resistencia en medio de la crisis de biodiversidad.
Fuera de estas reservas, la situación es mucho más crítica. La caza furtiva sigue siendo una amenaza constante, los adultos son asesinados para comercializar su carne en restaurantes de lujo o para rituales, mientras que las crías son capturadas vivas y vendidas en el mercado ilegal.
A ello se suma la pérdida de hábitat, impulsada por la deforestación a gran escala. La tala de bosques para agricultura, la extracción de madera, la minería e incluso la explotación de gas y petróleo han fragmentado los ecosistemas donde los gorilas solían prosperar.
Ante este escenario, organizaciones conservacionistas de todo el mundo trabajan para salvar a estos primates y restaurar sus entornos naturales. Sus esfuerzos buscan garantizar que los gorilas puedan seguir viviendo libres en la naturaleza y que no pasen a engrosar la lista de especies extintas.