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Estas son las estrellas donde sería más fácil encontrar una megaestructura alienígena

Si una civilización avanzada rodeara su estrella para robarle toda la energía, estas son las estrellas donde más fácil la pillaríamos.

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Enana roja y enana blanca rodeadas por enjambres de Dyson

La idea suena a ciencia ficción, pero lleva más de sesenta años sobre la mesa de la astrofísica seria. Una civilización mucho más avanzada que la nuestra, hambrienta de energía, podría levantar una estructura descomunal alrededor de su estrella para capturar casi toda la luz que emite. Se llama esfera de Dyson, y un nuevo estudio se pregunta dónde sería más fácil detectarla.

Ese estudio, publicado en la revista Universe y firmado por el físico Amirnezam Amiri, apunta a dos tipos de estrella concretos, las enanas rojas y las enanas blancas. Pero conviene decirlo cuanto antes, nadie ha encontrado una, y puede que no exista ninguna. Lo que hace es afinar el mapa de dónde mirar.

El concepto lo propuso Freeman Dyson en 1960. Hoy no se imagina como una cáscara sólida que envuelve el astro, algo físicamente inviable, sino como un enjambre de innumerables estructuras en órbita que, entre todas, interceptan casi toda la radiación de la estrella.

Las enanas rojas son la primera diana por estadística y economía. Son las más comunes de la galaxia, alrededor del 70 por ciento del total, y viven billones de años, muchísimo más que la edad actual del universo, así que darían a una civilización una fuente de energía estable casi eterna y con poco material de por medio.

Las enanas blancas, los restos apagados de estrellas como el Sol, son la segunda opción. Brillan poco, pero lo hacen de forma constante durante miles de millones de años, y son tan pequeñas que el enjambre podría montarse muy cerca. En el fondo, ambas comparten lo que importa, energía fiable y duradera.

Cómo se cazaría y qué se ha encontrado ya

El truco está en el calor. Una esfera de Dyson bloquearía la luz visible de su estrella y la reemitiría como radiación infrarroja, de modo que en los catálogos asomaría como un objeto anormalmente frío y sin el polvo que rodea a las estrellas corrientes. Una especie de estrella imposible que delataría que algo artificial la envuelve.

El porqué de ese frío es sencillo. Al repartir toda la energía de la estrella sobre una superficie enorme, esa energía se diluye y la temperatura cae en picado, igual que un brasero calienta menos cuanto más te alejas. El estudio calcula que estas estructuras podrían aparecer a temperaturas de apenas unos 50 grados sobre el cero absoluto, más frías que cualquier estrella natural conocida.

Con esa idea en la mano, el autor coloca las esferas en el diagrama de Hertzsprung-Russell, el mapa con el que los astrónomos ordenan las estrellas según su temperatura y su brillo. Ahí, una esfera de Dyson caería en una zona rara y desierta, lo que la haría más fácil de distinguir de una estrella corriente.

Esa búsqueda ya está en marcha. En 2024, el Proyecto Hephaistos rastreó unos cinco millones de estrellas y halló siete candidatas prometedoras entre enanas rojas, aunque una se descartó al ver que la señal rara la causaba un agujero negro supermasivo alineado por detrás. Quedan cinco esperando un examen más fino.

Que haya candidatos no significa que sean obra de alienígenas. Casi siempre hay una explicación natural detrás de un brillo infrarrojo extraño, y descartarla es lo verdaderamente difícil. El mérito de trabajos como este es dar a los astrónomos más pistas para distinguir una posible tecnofirma de un fenómeno cósmico normal, antes de cantar que tenemos compañía.

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