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El hantavirus del crucero acabó con 13 casos y la OMS ya lo dio por cerrado, pero la alarma fue otra historia

Un virus letal no es lo mismo que un virus pandémico, y el brote del crucero que asustó a medio mundo acaba de demostrarlo.

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Crucero de expedición navegando en mar abierto
Créditos: X.

A principios de mayo, un crucero de avistamiento de naturaleza llamado MV Hondius, con pasajeros y tripulación de 23 países, se convirtió en titular mundial. A bordo se detectó una enfermedad respiratoria grave que dejó trece casos y tres muertes, atribuidos al virus de los Andes, una variante del hantavirus propia de Sudamérica.

La Organización Mundial de la Salud evaluó desde el principio que el riesgo para la población mundial era bajo, y el tiempo le dio la razón. El 2 de julio declaró el brote terminado, sin un solo caso en Estados Unidos y tras rastrear a más de seiscientos contactos repartidos por una treintena de países.

La hipótesis que manejan la OMS y las autoridades de Argentina y Chile es que el primer caso, un hombre neerlandés aficionado a observar aves, se infectó en tierra antes de embarcar, y que a bordo hubo contagios de persona a persona. La exposición en Chile se ha descartado porque los tiempos de incubación no encajan.

Ese detalle, el contagio entre humanos, es lo que hace singular a este virus y lo que disparó los nervios. El de los Andes es el único hantavirus que se transmite de una persona a otra, algo que el resto de la familia no hace, ya que lo habitual es contagiarse por la orina, las heces o la saliva de roedores.

Por qué se apagó solo

Aun con esa capacidad de saltar entre personas, el virus de los Andes contagia poco y solo por contacto estrecho y prolongado, casi siempre cuando el enfermo ya tiene síntomas. Por eso el brote se pudo manejar con el manual clásico de salud pública, identificar, aislar y vigilar, sin necesidad de las cuarentenas masivas que dejó la covid.

La medida que mejor lo explica es el número reproductivo básico, el R0, que estima a cuántas personas contagia de media cada infectado. Con las medidas de control, el del virus de los Andes se quedó por debajo de uno, lo que significa que la cadena de transmisión tiende a apagarse sola en lugar de crecer.

Para dimensionarlo, conviene compararlo. El R0 del ébola en el gran brote de 2014 rondó el dos, y el de enfermedades muy contagiosas es mucho mayor, entre cinco y quince en la covid y entre doce y dieciocho en el sarampión. Un patógeno letal no es automáticamente un patógeno pandémico, y esa distinción es la clave de todo.

El propio historial del virus lo respalda. El mayor brote conocido del virus de los Andes se saldó con 34 casos y se frenó solo con el autoaislamiento de los expuestos, sin que hiciera falta un despliegue extraordinario para detenerlo.

La alarma que no cuadraba con el riesgo

Pese a ese perfil contenido, la cobertura se disparó. Para muchos, el crucero evocó al Diamond Princess, aquel barco donde en 2020 más de setecientas personas se contagiaron de covid al arrancar la pandemia. Pero la comparación no se sostenía, porque aquí los casos se detectaron pronto, en una población acotada y rastreable, y con un virus de escasa capacidad de propagación.

Los autores del análisis, publicado en JAMA Internal Medicine, sostienen que parte de la respuesta se guió por el miedo más que por los datos, hasta el punto de que algunos mensajes insinuaron un riesgo para la población general que no existía. Ese clima pudo influir incluso en las políticas, con Estados Unidos exigiendo cuarentena obligatoria a algunos expuestos mientras Canadá permitía aislamiento domiciliario.

El contraste que proponen es incómodo. Mientras el hantavirus del crucero acaparaba portadas, en la República Democrática del Congo y países vecinos se contabilizaban más de quinientos casos y un centenar de muertes por ébola, un brote mucho más peligroso para esas poblaciones que apenas recibió una fracción de esa atención.

Su conclusión es un aviso doble. El interés por las enfermedades emergentes es sano, pero exige a los medios interpretar la evidencia con cautela, y llega en un momento delicado, tras la salida de Estados Unidos de la OMS y los recortes a la salud pública global, cuando contener el próximo brote real dependerá de que esa red no se haya vaciado.

Temas: Salud

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