Un incendio forestal arrasó durante la noche del jueves una zona de la provincia de Almería muy poblada por residentes extranjeros, y dejó al menos doce muertos, cuatro heridos graves y una veintena de personas sin localizar, de las que siete tienen denuncia formal de desaparición, según el balance ofrecido este sábado por las autoridades andaluzas. Las cifras podrían variar en las próximas horas.
El fuego se declaró cerca del municipio de Los Gallardos y se propagó a una velocidad brutal por un terreno montañoso, seco y de difícil acceso. Con estos números, se convierte en el segundo incendio más mortífero registrado en España, solo por detrás del de La Gomera de 1998, que se cobró veinte vidas.
Buena parte de las víctimas confirmadas eran extranjeras, entre ellas ciudadanos británicos y belgas, en una comarca muy popular entre jubilados y turistas del norte de Europa. Cuatro de los fallecidos se hallaron dentro de un coche con el volante a la derecha, lo que apuntaba a residentes británicos.
Según relataron los responsables regionales, varias de las muertes se produjeron entre personas que no siguieron las indicaciones de evacuar o de refugiarse cuando las llamas ya estaban cerca. Un grupo que huyó por una ruta distinta a la recomendada quedó atrapado, y siete de sus miembros perdieron la vida.
El origen del fuego estaría, según las primeras hipótesis de las autoridades, en la rotura de una línea eléctrica, que provocó un conato inicial de baja intensidad. Las rachas de viento, de unos cincuenta kilómetros por hora, empujaron entonces las llamas ladera arriba y lo transformaron en un incendio imposible de contener.
Más de quinientos bomberos y efectivos de Protección Civil, con apoyo de la Unidad Militar de Emergencias, trabajaban este sábado para frenar un fuego que ya había calcinado unas 6.600 hectáreas y obligado a evacuar a cerca de 1.450 personas. La Unión Europea activó su servicio de cartografía por satélite Copernicus para vigilar el avance de las llamas y evaluar los daños.
El desastre no llega de forma aislada, sino en pleno pico de una ola de calor que mantiene a media Europa en alerta. El campo, tras un invierno y una primavera lluviosos que dispararon la vegetación, se ha ido resecando con las sucesivas olas de calor hasta convertirse en un combustible perfecto. No en vano, España ya ha visto arder este año el doble de superficie que en el mismo periodo del anterior.
El patrón se repite al otro lado de la frontera. Francia atraviesa su tercera ola de calor del verano, con incendios en el sur que han quemado miles de hectáreas y obligado a evacuar a más de diez mil personas, y donde ya ha ardido este año casi el doble de superficie que en el mismo periodo del anterior.
Detrás de esta racha hay una tendencia de fondo que los científicos vienen señalando. Europa es el continente que se calienta más deprisa del planeta, a un ritmo que dobla la media mundial desde los años ochenta, y esa ola de calor que ya deja más de mil muertes multiplica el riesgo de que un pequeño fuego se vuelva incontrolable.
Mientras tanto, la prioridad sigue siendo localizar a los desaparecidos, un número que las autoridades piden tomar con cautela, porque algunas de esas personas podrían estar simplemente sin identificar o fuera de la zona. Las próximas horas serán decisivas para conocer el alcance real de una de las mayores tragedias por incendio que se recuerdan en el país.