España encara el verano con una temporada de incendios que ha empezado con fuerza. Hasta principios de julio, el fuego ha calcinado ya cerca de 50.000 hectáreas en todo el país, según las estimaciones por satélite del sistema europeo EFFIS, con Cantabria como la provincia más castigada y junio como el mes más destructivo del año.
La cifra depende de quién la mida. El Ministerio para la Transición Ecológica contabilizaba unas 39.700 hectáreas hasta el 21 de junio, un dato algo más bajo porque recoge los partes oficiales de las comunidades, mientras que EFFIS hace un seguimiento continuo desde el espacio. Entre ambas fuentes se dibuja una imagen más ajustada.
El dato que más inquieta es la comparación con el año pasado. Esas 39.700 hectáreas del ministerio multiplican por más de dos las 17.661 que habían ardido en las mismas fechas de 2025, y los grandes incendios también se han duplicado, de cinco a diez en ese arranque de temporada.
Cantabria, en un puesto inesperado
Mirando provincia por provincia, Cantabria encabeza el balance con unas 15.500 hectáreas quemadas, la cifra más alta del país. No es la región que uno esperaría ahí arriba, porque los peores números suelen arrastrarlos año tras año Ourense, Zamora y León por su vegetación y su relieve.
Cada temporada, sin embargo, tiene su propia lógica. Álava es otro caso llamativo, con apenas un centenar de hectáreas en términos absolutos pero muy por encima de lo que le tocaría a estas alturas del calendario según su historial, una señal de que el fuego se está repartiendo de forma poco habitual.
En el conjunto del país, España suma ya 14 grandes incendios forestales en lo que va de año, los que superan las 500 hectáreas. Los más recientes han golpeado la Costa Brava, Huelva, Huesca, Córdoba y León, y elevan a 353 los grandes fuegos contabilizados en lo que va de siglo.
Por qué el verdadero riesgo llega ahora
Conviene leer estas cifras sin caer en el alarmismo. Pese a duplicar los datos de 2025, el arranque de 2026 se sitúa alrededor de un 14 % por debajo de la media de la última década para estas fechas, cuando solían arder unas 34.000 hectáreas, según los registros oficiales.
El problema es lo que puede venir. Una primavera muy lluviosa ha dejado mucha vegetación que, ya seca por el calor, se convierte en combustible, y julio y agosto concentran las condiciones más peligrosas por las altas temperaturas, la baja humedad y el viento.
Una temporada que también aprieta en Europa
El fenómeno no es solo español. En el conjunto de la Unión Europea la superficie quemada ronda las 130.400 hectáreas, un 16 % por encima de lo habitual para estas fechas, con desvíos aún mayores en países como Eslovaquia o Estonia, donde la cifra se ha multiplicado por ocho respecto a lo esperado.
Los países vecinos ya están en plena batalla. Francia mantiene varios focos activos en el sur y Portugal ha llegado a activar el mecanismo europeo de protección civil, una señal de que la presión sobre los servicios de emergencia se está extendiendo por todo el continente.
El patrón se repite cada verano, con meses de relativa calma seguidos de picos que concentran buena parte del daño anual. El precedente reciente asusta, porque 2025 acabó siendo el peor año en tres décadas y el salto llegó en apenas dos semanas de agosto, así que el desenlace de 2026 aún está por escribirse.