Las grandes plataformas de hielo que rodean la Antártida funcionan como un tapón que frena el avance del hielo continental hacia el mar. Un nuevo trabajo advierte de que esas plataformas están más debilitadas de lo que se creía, porque las fracturas que las atraviesan aceleran su pérdida y apenas se tienen en cuenta.
El equipo, liderado por Javier Blasco y Violaine Coulon desde la Universidad Libre de Bruselas, aplicó un modelo que incorpora el comportamiento real de esas grietas y lo alimentó con imágenes de satélite. Lo probó sobre la ensenada del mar de Amundsen, uno de los sectores más vulnerables del continente.
El resultado cambia la escala del problema. Al tener en cuenta las fracturas, la contribución del deshielo a la subida del mar para el año 2300 se multiplica por aproximadamente 4,5 respecto a los escenarios que las ignoran, un salto que obliga a revisar cómo se calcula el futuro de la capa de hielo.
Un factor que los modelos suelen pasar por alto
La mayoría de las proyecciones sobre el deshielo antártico tratan el hielo casi como un bloque uniforme y no incorporan cómo las grietas lo van debilitando por dentro. Este trabajo intenta corregir ese punto ciego metiendo en la ecuación la mecánica de las fracturas tal y como ocurre en la realidad.
La diferencia no es menor ni siquiera en el escenario más prudente. Contando solo las grietas que ya existen hoy, sin sumar las que puedan abrirse en el futuro, la pérdida de hielo que llega al océano resulta entre un 50 y un 130 % mayor que en los modelos que las dejan fuera.
El peligro está en las grietas que no se ven
Lo más llamativo del estudio es dónde se concentra el daño. Cerca del 90 % de esa aceleración no procede de las fracturas visibles en la superficie, sino de grietas basales, que se abren en la parte inferior de la plataforma, en contacto con el agua, y penetran hacia arriba sin asomar. En esa misma zona ya se han detectado tormentas submarinas que derriten el hielo desde abajo inyectando agua cálida contra la base de las plataformas.
Ese detalle es importante porque esas grietas son mucho más difíciles de vigilar. Al no aparecer en las imágenes de la superficie, escapan a buena parte del seguimiento habitual, de modo que el debilitamiento puede estar avanzando en zonas que a simple vista parecen intactas. A ese proceso oculto contribuye también el papel del fondo marino, que canaliza el calor del océano hacia la base del hielo.
El hielo, eso sí, no solo se rompe. El trabajo también incluye mecanismos que cierran parte de esas grietas, como la propia compresión del hielo, y advierte de que los modelos que ignoran esa especie de cicatrización llegan a sobrestimar la pérdida en torno a un 50 %.
Qué significa para la subida del mar
La conclusión de fondo es que las previsiones actuales sobre cuánto aportará la Antártida a la subida del mar podrían quedarse cortas si no incorporan el efecto debilitador de las fracturas. En esa línea, otros trabajos ya apuntan a que el deshielo antártico podría elevar el nivel del mar más rápido de lo previsto. Los autores defienden que este factor debería entrar de serie en los próximos modelos.
Conviene, aun así, leerlo con cautela. Se trata de una proyección a muy largo plazo, hasta el año 2300, centrada en una única región de la Antártida y construida sobre un modelo, no de una medición de lo que ya ha ocurrido, así que marca una tendencia y una advertencia más que una cifra definitiva.