Lo inquietante no es solo que la tensión sísmica sea alta bajo el sur de California, sino que dos fallas mayores se estén cargando hacia un mismo nivel crítico justo en el punto donde se cruzan. Ese cruce, el paso de Cajón, al noreste de Los Ángeles, es donde un modelo físico dirigido desde Berna ha puesto la lupa.
El equipo, que firma su trabajo en la revista Journal of Geophysical Research: Solid Earth, reconstruyó mil años de sismos en las fallas de San Andrés y San Jacinto y concluye que la tensión es la mayor de ese milenio en varios tramos, aunque advierte de que no predice cuándo llegará el próximo gran terremoto.
Mil años de terremotos, reconstruidos
Para reconstruir ese pasado, el grupo levantó un modelo del ciclo sísmico basado en la física y en cuatro dimensiones, que simula las tres del espacio más el paso del tiempo. Lo alimentaron con un registro de mil años armado a partir de dataciones por radiocarbono, anomalías en anillos de árboles y crónicas históricas de rupturas del terreno.
El modelo sigue cómo cada seísmo altera la tensión en los tramos vecinos, cómo esa tensión se acumula durante los intervalos de calma y cómo las capas profundas de la corteza se relajan tras las grandes rupturas. El resultado es que varios segmentos igualan o superan los valores más altos del último milenio.
Las cifras concretas ponen rostro a esa afirmación. El tramo San Jacinto-San Bernardino marca 3,6 megapascales, el mayor de toda la simulación milenaria, mientras que el segmento Mojave Sur de la falla de San Andrés alcanza 2,8 megapascales, también por encima de su propio récord previo.
El contexto pesa. El último gran terremoto que sacudió el área metropolitana de Los Ángeles fue el de Fort Tejon, de magnitud 7,9, en 1857, hace más de 160 años. Desde entonces las placas del Pacífico y de Norteamérica han seguido deslizándose unos centímetros al año mientras los tramos bloqueados retienen la energía.
El paso de Cajón, una compuerta que se abre y se cierra
La aportación más novedosa es tratar el paso de Cajón como una compuerta sísmica. Según la tensión, esa unión frena la ruptura en una falla o deja que salte a las dos en un único evento, mucho más extenso y dañino.
La historia muestra las dos caras. El terremoto de Fort Tejon de 1857 se detuvo en el paso de Cajón sin romper la falla de San Jacinto, mientras que el de Wrightwood de 1812, de magnitud 7,5, sí cruzó la unión, rompió ambos sistemas de golpe y dejó unos cuarenta muertos.
La clave no es solo cuánta tensión hay, sino si ambas fallas se cargan a la vez y de forma pareja. En el pasado, las rupturas cruzaron cuando la diferencia entre los dos tramos era de apenas 0,3 megapascales. Hoy esa diferencia es de 0,8, así que el sistema se acerca a ese patrón sin haberlo alcanzado del todo.
Aun con ese matiz, Burkhard advierte de que las condiciones relativas entre las dos fallas se acercan al rango asociado a las grandes rupturas conjuntas, un escenario de consecuencias muy superiores. Un evento que cruzara el paso, calcula, podría rondar una magnitud de entre 7,4 y 7,8 y afectar a un área mucho mayor.
Millones de personas en riesgo, sin fecha en el calendario
Lo que está en juego es enorme. Una ruptura que atravesara el paso golpearía a la vez algunos de los corredores más poblados del país, del área de Los Ángeles a San Bernardino, Riverside y el valle de Coachella. El propio paso de Cajón concentra la interestatal 15, líneas ferroviarias de mercancías e infraestructura energética.
Voces ajenas al trabajo lo respaldan con cautela. Matthew Weingarten, geólogo de la Universidad Estatal de San Diego que no participó en él, valora tener una estimación física de que el sistema está en un máximo de mil años y recuerda que lo decisivo es si el equilibrio entre ambas fallas mantiene contenida la próxima ruptura o la deja crecer.
Conviene leerlo con cabeza fría. El modelo no dice cuándo temblará, aunque análisis previos ya situaban en más del 50 % la probabilidad de un seísmo de magnitud 6,7 o mayor en el sur de San Andrés en las próximas décadas. El mensaje, resume Burkhard, no es cundir el pánico sino actuar con urgencia.