La migración histórica de los vientos del oeste explica cómo crecieron las turberas del hemisferio sur durante 20.000 años
Las turberas del hemisferio sur crecieron en distintas etapas según la migración histórica de los vientos del oeste, que definieron la humedad y el clima durante los últimos 20.000 años
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
4 min lectura
Durante dos décadas de investigación, las turberas del hemisferio sur se han convertido en algo más que simples humedales: son un registro climático que revela cómo se movieron los vientos que moldean el clima austral. Un nuevo estudio publicado en Nature Geoscience demuestra que estos ecosistemas comenzaron a formarse —y a expandirse— siguiendo el vaivén de los vientos del oeste desde el final de la última glaciación.
El trabajo reúne más de 200 dataciones de turba basal tomadas en lugares tan distintos como Patagonia, Nueva Zelanda, Tasmania o las islas subantárticas. La comparación de todas esas edades ofrece una imagen mucho más precisa de cómo este cinturón de vientos, situado entre los 40°S y 60°S, cambió de posición a lo largo de los últimos 20.000 años.
Un clima que se reorganizaba mientras el planeta salía de la glaciación
Los investigadores encontraron que las primeras turberas comenzaron a establecerse hace unos 20.000 años, cuando grandes zonas del hemisferio sur empezaban a perder hielo. Pero lo más llamativo es la forma en que su expansión se desplazó en latitud: no todas crecieron al mismo tiempo ni bajo las mismas condiciones, sino siguiendo los movimientos del cinturón de vientos.
Durante la Reversión Fría Antártica, un episodio de enfriamiento abrupto ocurrido entre hace 14.700 y 12.800 años, el crecimiento se frenó en las latitudes más australes. En cambio, regiones algo más al norte se volvieron más húmedas y favorables. Ese contraste es una señal clara de que, en ese periodo, los vientos del oeste se desplazaron hacia el ecuador.
Cuando el clima volvió a calentarse, también lo hicieron las turberas del extremo sur. Las dataciones indican un nuevo auge en esas zonas hace unos 11.000 años, un momento en el que los vientos regresaron hacia el polo y el hielo marino comenzó a retroceder de forma más sostenida.
La investigación señala que este patrón es consistente en todos los continentes e islas estudiadas. Los picos de crecimiento coinciden con señales independientes: cambios en el hielo marino, variaciones en el CO₂ atmosférico y registros marinos que apuntan al mismo desplazamiento del sistema de vientos.
El pasado encaja con lo que ocurre hoy
Los autores recuerdan que no se trata solo de una reconstrucción del pasado. Los vientos del oeste están viviendo un proceso similar desde mediados del siglo XX: se han intensificado, se han desplazado hacia el sur y están afectando al hielo marino, las tormentas y la capacidad del océano para absorber carbono.
Los modelos climáticos apuntan a que esta tendencia continuará durante el siglo XXI. Si eso ocurre, el Océano Austral podría liberar más CO₂ del que captura, algo que ya se observó en parte durante la salida de la última glaciación.
Un registro natural clave para anticipar lo que viene
La investigación no solo reconstruye 20.000 años de historia atmosférica. También demuestra que la posición de los vientos del oeste influye directamente en la humedad y en el desarrollo de ecosistemas clave como las turberas, que a su vez actúan como depósitos de carbono.
El estudio ofrece una visión más completa de cómo se organizó el clima del hemisferio sur durante uno de los periodos más sensibles de la historia del planeta. Y, sobre todo, plantea una pregunta incómoda: si los vientos vuelven a modificar su trayectoria, ¿cuánto cambiarán la dinámica del océano Austral y el ciclo del carbono en las próximas décadas?
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