Un nuevo estudio realizado por la Universidad de Hawái en Mānoa revela que el volcán Kīlauea mostró señales anómalas aproximadamente un año antes de su gran erupción de 2018. Este hallazgo, obtenido mediante un tipo innovador de monitoreo sísmico, sugiere que observar ciertos procesos subterráneos podría ser clave para anticipar futuras erupciones y mejorar la gestión del riesgo volcánico en Hawái.
La erupción de 2018 fue una de las más destructivas de la historia reciente del Kīlauea: duró meses, provocó unos 60.000 terremotos asociados y destruyó barrios enteros. Hasta ahora, muchos de los cambios que ocurren bajo el volcán antes de una erupción han sido difíciles de detectar. Sin embargo, el estudio dirigido por la profesora asistente Sin-Mei Wu aporta una nueva forma de “escuchar” el interior del volcán incluso cuando no hay terremotos claros que alerten de actividad.
Señales silenciosas un año antes de la erupción
El equipo descubrió que el sistema magmático del Kīlauea experimentó un cambio profundo: el flujo ascendente habitual del magma desde el manto hacia los depósitos superiores se interrumpió alrededor de un año antes de la erupción.
Según Wu, la hipótesis es que se formó un bloqueo entre los depósitos de magma de la cima. Ese bloqueo impidió el movimiento normal del magma y provocó una acumulación de presión bajo la Zona de Rift Este del volcán.
Un signo visible de ese proceso fue el descenso de unos 30 metros del lago de lava en el cráter Halemaʻumaʻu, mientras la presión en las zonas profundas se mantenía estable.
El equipo también observó un comportamiento inusual del magma: en lugar de subir de forma directa, parece que se desvió lateralmente hacia un sistema de diques que conducía a la futura zona de ruptura. Ese patrón se mantuvo durante meses, hasta que un terremoto de magnitud 5 en el flanco del volcán posiblemente liberó el bloqueo, desatando los cambios que culminarían en la erupción masiva de 2018.
Escuchar el volcán usando las olas del océano
Una de las innovaciones clave del estudio es el uso de energía sísmica generada por las olas del mar. Este ruido sísmico constante permite monitorear cambios en el interior del volcán incluso cuando no hay sismos perceptibles ni deformación visible del terreno.
“El océano nos da una fuente continua de energía sísmica”, explicó Wu. “Cuando el magma se desplaza bajo tierra, cambia la presión interna y eso altera la roca. Con nuestras herramientas podemos detectar esos cambios silenciosos”.
Este método ofrece una ventaja crucial: permite observar señales lentas y persistentes que normalmente pasan desapercibidas, pero que pueden anticipar periodos de inestabilidad.
Hacia una mejor predicción de riesgos volcánicos
El estudio destaca que estos procesos subterráneos pueden convertirse en indicadores útiles para pronosticar actividad futura. No está claro todavía si los comportamientos observados antes de 2018 forman parte de un patrón repetitivo, pero el monitoreo continuo podría aclararlo.
Wu afirma que el objetivo final es mejorar la seguridad de los residentes y ofrecer herramientas más precisas para anticipar posibles erupciones:
“Queremos comprender los procesos profundos que impulsan al Kīlauea. Cada pista nueva nos acerca a mejorar la mitigación de riesgos volcánicos”.
Fuente: AGU Publications