A muchas personas les pasa lo mismo: en su lengua materna escuchan cada palabra con total claridad, pero en un idioma desconocido todo suena como un único bloque de sonido. Dos investigaciones de la Universidad de California en San Francisco ofrecen ahora una explicación directa de este fenómeno.
Los estudios se enfocan en una zona del cerebro llamada giro temporal superior, una región que hasta hace poco se consideraba responsable de tareas básicas como distinguir vocales y consonantes. Sin embargo, los nuevos datos muestran que allí también se aprenden los patrones que marcan el inicio y el final de cada palabra.
El equipo analizó la actividad cerebral de 34 personas que escucharon frases en inglés, español y mandarín. Cada participante oía uno o dos de estos idiomas con fluidez, pero ninguno dominaba los tres, lo que permitió comparar cómo reaccionaba el cerebro ante sonidos familiares y desconocidos.
Cuando los voluntarios escuchaban un idioma que conocían, ciertas neuronas del giro temporal superior se activaban de forma clara, señalando dónde terminaba una palabra y comenzaba la siguiente. Pero cuando el idioma era nuevo para ellos, esas neuronas permanecían prácticamente inactivas.
Esto sugiere que la capacidad de “separar” las palabras no depende únicamente del significado o del vocabulario aprendido, sino de un patrón sonoro que el cerebro va incorporando a lo largo de los años, casi sin que nos demos cuenta.
Otro hallazgo importante proviene del segundo estudio, donde se observó cómo estas neuronas se reinician rápidamente tras identificar una palabra. Esta especie de “reseteo” permite seguir el ritmo del habla, que puede superar varias palabras por segundo.
Los investigadores describen el proceso como si el cerebro realizara cortes invisibles en una cadena continua de sonido, creando unidades que luego podemos reconocer como palabras. En cambio, cuando el idioma es ajeno, esos cortes no se realizan porque el cerebro no conoce su patrón.
El trabajo también ayuda a explicar por qué algunas lesiones en esta región pueden provocar dificultades para comprender el habla, incluso cuando la audición es completamente normal. La persona oye, pero no logra “separar” lo que escucha.
Para los autores, estos resultados abren una ventana para entender mejor cómo adquirimos el lenguaje y por qué aprender una lengua nueva requiere tiempo: el cerebro necesita reconstruir desde cero los patrones sonoros que marcan el ritmo de ese idioma.