El Sentinel-6B es el nuevo protagonista del monitoreo oceánico internacional. Su misión consiste en continuar una serie de observaciones que comenzó en los años noventa y que hoy es indispensable para saber cómo sube el nivel del mar y cómo responden los océanos al calentamiento global. Con este satélite, los científicos podrán seguir comparando datos durante décadas sin interrupciones ni saltos en la calidad de las mediciones.
El satélite es prácticamente del tamaño de una camioneta compacta y está equipado con paneles solares fijos y desplegables que lo alimentan en órbita. Pasará repetidamente por las mismas zonas del planeta, aunque a horas distintas, una característica esencial para detectar variaciones reales en la altura del océano y no simples fluctuaciones puntuales.
Sentinel-6B también aportará información atmosférica importante. Sus sensores medirán temperatura y humedad desde el espacio, datos que ayudan a mejorar las previsiones meteorológicas y los modelos climáticos globales.
El proyecto forma parte de la misión internacional Copernicus Sentinel-6/Jason-CS, una colaboración entre la NASA, la ESA, la Unión Europea, EUMETSAT y la NOAA. Francia, a través del CNES, aporta apoyo técnico. Esta alianza es clave para sostener la vigilancia global de los océanos en un momento en el que cada milímetro de aumento del nivel del mar importa.
El lanzamiento del Sentinel-6B
El despegue está programado desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en California, a bordo de un cohete Falcon 9. El ascenso hasta su órbita científica dura menos de media hora y dará paso a una fase de calibración antes de que el satélite entre plenamente en operación.