La materia orgánica disuelta, presente en ríos, lagos, suelos y aguas costeras, está desempeñando un papel más importante de lo que parecía en el equilibrio climático. Un nuevo estudio señala que este componente, lejos de ser pasivo, puede alterar la forma en que el carbono circula por el planeta.
La MOD está formada por moléculas que provienen de plantas, microorganismos y residuos humanos, incluidos microplásticos. A medida que el clima se calienta, estas moléculas cambian su estructura y su comportamiento, lo que modifica su impacto ambiental.
Los investigadores explican que, en determinadas condiciones, la MOD puede capturar carbono durante largos periodos, actuando como un sumidero. Pero si su estructura se vuelve más reactiva, puede liberar CO₂ o incluso metano, convirtiéndose en una fuente adicional de gases de efecto invernadero.
Este doble filo también afecta a los contaminantes. La MOD puede unirse a metales pesados, fármacos y microplásticos, reduciendo su impacto. Sin embargo, ciertos cambios químicos provocados por el calentamiento pueden facilitar su movilidad y aumentar el riesgo ecológico.
En escenarios de sequía, incendios o deshielo del permafrost, la MOD tiende a volverse más aromática y cargada de grupos químicos que alteran su interacción con el entorno. Esto puede favorecer que actúe como vehículo de transporte de sustancias tóxicas en lagos y ríos.
El efecto biológico también depende de su concentración. En cantidades moderadas puede proteger a organismos acuáticos, actuando como un filtro natural. Pero niveles elevados pueden generar estrés oxidativo o interferir con la absorción de nutrientes.
El estudio subraya que la MOD forma parte de una retroalimentación climática compleja. En algunas zonas puede ralentizar el calentamiento al fijar carbono, mientras que en otras contribuye a acelerarlo al liberar gases atrapados en su estructura.
Otro aspecto relevante es su influencia en los microplásticos. Cuando la MOD cambia, también cambia su capacidad para atraer o repeler partículas plásticas, lo que afecta la dispersión de contaminantes asociados a ellas.
Los científicos destacan la necesidad de sistemas de monitoreo más amplios para seguir la evolución de la MOD en ríos, océanos y suelos. Su comportamiento, dicen, es un indicador clave del estado químico y ecológico de los ecosistemas.
El trabajo concluye que entender este componente es fundamental para anticipar cómo responderán los ecosistemas al calentamiento global. En palabras de los autores, la materia orgánica disuelta es una pieza pequeña, pero decisiva, del rompecabezas climático.
Fuente: Maximum Academic Press