Los océanos llevan décadas absorbiendo una parte enorme del CO₂ que emitimos, y ahora muchos científicos y gobiernos ven en ellos un posible aliado para frenar el calentamiento global. Sin embargo, un nuevo informe encargado por la Unión Europea advierte que todavía no tenemos las herramientas necesarias para ampliar estas tecnologías de forma segura.
El documento, presentado en paralelo a la COP30, analiza el estado real de las técnicas conocidas como eliminación de dióxido de carbono marino. La conclusión es directa: antes de expandirlas, es necesario crear normas rigurosas para medir, reportar y verificar lo que realmente ocurre bajo el agua.
Algunas de estas técnicas buscan impulsar el crecimiento del plancton o las algas, que absorben carbono al desarrollarse. Otras proponen modificar la química del océano para aumentar su capacidad de absorber CO₂ o incluso extraerlo directamente del agua. En teoría, el carbono capturado acabaría almacenado en las profundidades o en sedimentos marinos durante largos periodos.
Reducir emisiones sigue siendo la prioridad
El informe deja claro que estas opciones no sustituyen la reducción de emisiones. Los expertos recuerdan que el planeta se está acercando al límite de 1,5 °C y que los recortes deben seguir siendo el foco principal. Aun así, reconocen que algunos sectores —como la aviación o el transporte marítimo— tendrán emisiones que no se podrán eliminar del todo. Ese CO₂ residual tendrá que compensarse de alguna manera.
Por eso se investiga la posibilidad de que el océano asuma parte de ese esfuerzo. Pero, según los especialistas, aún falta entender cuestiones básicas: cuánto carbono retienen realmente estas técnicas, durante cuánto tiempo y qué efectos colaterales generan.
Un reto enorme bajo el agua
La principal dificultad es el propio océano. A diferencia de un almacén geológico o una planta terrestre, el mar está en constante movimiento. Las corrientes mezclan el agua, redistribuyen nutrientes y afectan el comportamiento del carbono almacenado. Eso complica el monitoreo y la verificación, dos elementos clave para cualquier sistema de créditos climáticos.
Los investigadores explican que, para confiar en estas técnicas, se necesita medir primero el estado natural del océano, después hacer un seguimiento preciso del carbono capturado y, finalmente, demostrar que ese CO₂ permanecerá realmente fuera de la atmósfera durante décadas o siglos.
Hoy, ese nivel de control no existe.
Impactos y créditos: el otro gran vacíoOtro punto crítico es el impacto ambiental. Algunas propuestas, como fertilizar zonas del océano para provocar floraciones masivas de plancton, generan dudas sobre posibles efectos inesperados. Los expertos insisten en que cualquier método debe evaluar no solo la captura de CO₂, sino todo lo que provoca en los ecosistemas.
También falta un sistema de créditos confiable. Varias empresas ya están ofreciendo servicios de captura marina, pero los científicos advierten que las tecnologías aún no son lo suficientemente maduras como para justificar compensaciones climáticas basadas en ellas.
Lo que viene
A pesar de las incertidumbres, los escenarios climáticos del IPCC señalan que la eliminación de CO₂ será necesaria para cumplir los objetivos más ambiciosos. El panel europeo insiste en que es mejor establecer estándares ahora, antes de que estas tecnologías comiencen a expandirse sin reglas claras.
La idea de usar el océano como apoyo climático no está descartada, pero los especialistas son claros: todavía no estamos preparados para aplicar estas técnicas a gran escala. Habrá que avanzar con cautela, responder a las preguntas pendientes y garantizar que cualquier solución para el clima no genere nuevos problemas en el mar.
Fuente: Norwegian SciTech News