El presidente venezolano, Nicolás Maduro, estaría dispuesto a usar cargamentos de petróleo crudo como moneda de cambio en unas posibles negociaciones con la administración de Donald Trump, según fuentes consultadas por Reuters. La mayor parte del petróleo venezolano se envía actualmente a China, pero el gobierno de Caracas tiene la capacidad de desviar parte de esos embarques como parte de un acuerdo político.
Estados Unidos ha incrementado su presión sobre Venezuela al designar formalmente al Cártel de los Soles como organización terrorista extranjera, una medida que coincide con el aumento de la presencia militar estadounidense en el Caribe. Aun así, la administración Trump ha indicado que estaría abierta a conversaciones con Caracas.
La producción petrolera de Venezuela, que ronda los 1,1 millones de barriles diarios, es un tercio de su máximo histórico. Entre junio y octubre, más del 80% de sus exportaciones de crudo se enviaron a China debido a las sanciones de Washington, que impiden vender a otros destinos. Esta situación deja margen para que el gobierno venezonalo pueda desviar cargamentos hacia Estados Unidos o Europa si se logra un acuerdo.
Analistas energéticos señalan que el petróleo es la mejor ficha de negociación de Maduro. “Enviar más petróleo a EE. UU. y proteger la inversión estadounidense en Venezuela es algo que Maduro puede ofrecer fácilmente”, afirmó Thomas O’Donnell. Sin embargo, advirtió que Washington mantiene una ventaja estratégica gracias a la estabilidad del mercado petrolero y los bajos precios actuales.
El gobierno venezolano también aspira a que Estados Unidos restablezca licencias energéticas que permitan operar a compañías extranjeras en el país. La ministra de Petróleo, Delcy Rodríguez, aseguró que Washington quiere acceder a las reservas de crudo venezolano “a cambio de nada”, una acusación en línea con su postura habitual contra las sanciones.
El volumen de petróleo venezolano enviado a Estados Unidos a través de la licencia otorgada a Chevron cayó a la mitad en el tercer trimestre, reflejando la volatilidad del marco regulatorio. Un cambio en la política estadounidense podría permitir nuevas exportaciones y reactivar proyectos paralizados.
Los contratos de suministro de PDVSA fueron suspendidos tras las sanciones de 2019, obligando a la petrolera estatal a vender la mayoría de su crudo en el mercado spot y con grandes descuentos. Esto le da flexibilidad para redirigir cargamentos, ya que no mantiene compromisos de largo plazo con compradores específicos.
Maduro también podría aprovechar los swaps petroleros, un mecanismo que permite a PDVSA intercambiar crudo por combustible importado, vital para sostener el mercado interno. Aun así, Washington ha bloqueado durante años los pagos en efectivo hacia la estatal venezolana.
El gobierno venezolano espera que un nuevo acuerdo energético incluya la reincorporación de licencias para productores extranjeros y la posibilidad de enviar más crudo pesado a las refinerías del Golfo de México, que dependen de este tipo de petróleo. Sin embargo, la falta de inversión internacional, sumada a la crisis histórica de la industria venezolana, sigue siendo un obstáculo mayor.
Mientras Washington mantiene una política de autorizaciones inconsistentes, otorgando permisos temporales a unas empresas y bloqueando a otras, la oposición venezolana también propone una reforma profunda de la industria petrolera si llega al poder. No obstante, recuperar los niveles de producción de hace dos décadas requeriría inversiones enormes y cambios estructurales.
Por ahora, el petróleo sigue siendo la principal herramienta geopolítica de Maduro. La posibilidad de reorientar cargamentos y negociar licencias convierte al crudo venezolano en el eje central de cualquier acercamiento entre Caracas y la administración Trump.
Fuente: Reuters