Un nuevo estudio ha ampliado por completo la visión clásica que se tenía de las Pléyades. Los astrónomos descubrieron que este conocido cúmulo no es un pequeño grupo compacto, sino una pieza visible de una estructura estelar gigantesca.
El hallazgo se logró gracias a los datos del satélite TESS de la NASA, que estudia variaciones de luz en miles de estrellas, y a las mediciones de Gaia, capaces de registrar con precisión su movimiento a través de la galaxia.
Combinando ambos conjuntos de datos, los investigadores identificaron más de 3000 estrellas que comparten una misma edad, una misma composición química y una misma trayectoria en la Vía Láctea.
Estas conexiones indican que todas ellas se formaron juntas, igual que las Pléyades tradicionales, pero se han ido separando con el paso del tiempo debido a las fuerzas gravitatorias del entorno galáctico.
El complejo estelar resultante ocupa una región de casi 1900 años luz de extensión, muchísimo mayor que el pequeño grupo visible desde la Tierra durante las noches de otoño e invierno.
Para identificar a las nuevas integrantes, el equipo usó la velocidad de rotación de cada estrella, una señal que envejece de forma predecible. Las estrellas hermanas tienden a tener velocidades similares, lo que permitió filtrar miles de candidatas.
Las mediciones químicas confirmaron que estas estrellas comparten características únicas en elementos como el silicio y el magnesio, una especie de huella que refuerza su origen común.
Según los investigadores, todas estas estrellas nacieron juntas hace unos 100 millones de años a partir de una nube densa de gas y polvo, similar a las regiones de formación estelar que observamos hoy en la constelación de Orión.
Con el tiempo, explosiones de supernovas cercanas y la propia gravedad de la Vía Lactea fueron empujando a las estrellas hacia distintas direcciones hasta formar un enorme rastro que cruza buena parte del cielo nocturno.
Lo sorprendente es que este “río estelar” llevaba ahí millones de años, pero no pudo verse como un conjunto hasta la llegada de misiones capaces de medir con precisión la luz, la composición y el movimiento de miles de estrellas a la vez.
El equipo espera que este descubrimiento ayude a encontrar otros complejos estelares que aún pasan desapercibidos, lo que permitiría reconstruir mejor la historia de formación de estrellas alrededor del Sol y en los alrededores de la galaxia.