Tea, el planeta que impactó contra la Tierra, pudo haberse originado muy cerca del Sol
Un análisis isotópico de rocas terrestres y lunares apunta a que Tea, el cuerpo que chocó con la Tierra hace 4.500 millones de años, nació en el Sistema Solar interior
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
4 min lectura
Durante décadas, el origen real de Tea —el cuerpo que chocó contra la Tierra primitiva y dio lugar a la Luna— ha sido uno de los mayores misterios de la ciencia planetaria. Nadie ha podido estudiar directamente aquel objeto, porque fue destruido por completo durante el impacto. Pero nuevas pistas escondidas en las rocas terrestres y lunares empiezan a dibujar una historia más clara.
Un nuevo estudio del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar y la Universidad de Chicago señala que Tea no solo era un cuerpo del tamaño de Marte, sino que también pudo haberse formado mucho más cerca del Sol que la propia Tierra. Esa conclusión surge del análisis más preciso hasta ahora de varios isótopos metálicos presentes en muestras de la Tierra y la Luna.
Los investigadores analizaron isótopos de hierro, cromo, molibdeno y circonio para reconstruir, casi como un rompecabezas, qué materiales formaron a ambos mundos. Estos elementos actúan como una especie de “huella química”, capaz de revelar el lugar del Sistema Solar donde se originó un planeta.
Las muestras lunares —procedentes de las misiones Apolo— muestran una composición prácticamente idéntica a la de la Tierra. Esto ya se sabía, pero no aclaraba si la Luna se formó principalmente con material terrestre o con restos de Tea. Lo nuevo del estudio es que, al comparar estos isótopos con modelos de formación planetaria, aparece un patrón que no encaja con los meteoritos típicos del Sistema Solar exterior.
Según los investigadores, la combinación química necesaria para reproducir las proporciones actuales de la Tierra y la Luna solo tiene sentido si Tea procedía de la región interna del Sistema Solar, incluso más cerca del Sol que la propia Tierra. En otras palabras: ambos mundos debieron ser “vecinos” en su nacimiento.
Esto también indicaría que Tea estaba hecha, en parte, de un tipo de material que hoy no se encuentra en meteoritos conocidos. Ese material habría sido arrastrado hacia la Tierra en el gran impacto, dejando su firma isotópica en los elementos que ahora comparten nuestro planeta y la Luna.
El estudio también sugiere que la Tierra primitiva ya había separado su núcleo metálico antes de chocar con Tea. Esto implica que gran parte del hierro presente hoy en el manto terrestre llegó después del impacto, posiblemente desde el propio Tea, lo que refuerza aún más el vínculo entre ambos objetos.
Si Tea realmente se formó tan cerca del Sol, este hallazgo obliga a revisar los modelos clásicos de formación planetaria. Se pensaba que los cuerpos del Sistema Solar interior tenían composiciones muy parecidas, pero este resultado apunta a que la diversidad química en esa época era mayor de lo que se creía.
Los autores consideran que el impacto con Tea no solo cambió la forma y la órbita de la Tierra, sino que quizá también influyó en su habitabilidad futura. Elementos transportados por Tea podrían haber modificado la química del manto terrestre, afectando procesos como la actividad volcánica o la evolución de la atmósfera.
Por último, el estudio abre la posibilidad de que otros impactos gigantes en la historia temprana del Sistema Solar también mezclaran materiales de regiones muy distintas. Esto podría explicar por qué algunos planetas muestran composiciones que no encajan con los meteoritos que conocemos.
Los investigadores planean ampliar este trabajo analizando más elementos y más muestras lunares, ya que nuevas misiones —tanto de la NASA como de otras agencias— traerán material fresco en los próximos años. Cada nuevo dato ayudará a reconstruir con mayor precisión cómo nació realmente nuestro planeta.
Fuente: Science
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