A principios de 2025, un intenso enjambre sísmico sacudió Santorini y varias islas del mar Egeo. La actividad fue tan fuerte que se cerraron escuelas, se suspendió parte del turismo y miles de personas fueron evacuadas por precaución. En aquel momento, no estaba claro si se trataba de un movimiento tectónico o de una intrusión de magma.
Un nuevo estudio publicado en Science confirma por fin la causa: un dique de magma avanzó horizontalmente bajo el lecho marino, generando más de 25.000 terremotos en apenas ocho semanas.
Los investigadores utilizaron datos de estaciones sísmicas repartidas en Santorini y las islas cercanas. Con técnicas de aprendizaje automático lograron detectar y reubicar con precisión miles de pequeños temblores que normalmente pasarían desapercibidos. Esta base de datos permitió reconstruir la actividad sísmica con una precisión nunca vista en la zona.
Según el estudio, la sismicidad comenzó cerca de la caldera de Santorini, donde ya se había detectado un levantamiento de la superficie desde mediados de 2024. A finales de enero de 2025, los terremotos se desplazaron hacia el noreste y se concentraron a unos 12 kilómetros bajo el mar, en una zona donde no había fallas conocidas.
Entre el 3 y el 6 de febrero, la actividad sísmica se propagó rápidamente, siguiendo un patrón lineal que coincidía con la apertura de un dique magmático. A lo largo de dos semanas, la sismicidad migró más de 30 kilómetros hacia Amorgos, expandiéndose como un abanico subterráneo.
Los científicos utilizaron la sismicidad como “sensores virtuales” para obtener una imagen 3D del cambio de tensión en la corteza. Este análisis mostró que los temblores fueron desencadenados por pulsos de presión del magma, que abrían fracturas, avanzaban, chocaban contra barreras de roca y volvían a impulsarse, en un proceso de “bombeo” dinámico.
El estudio descarta que la crisis fuera causada por el deslizamiento de una falla tectónica. La distribución de los terremotos no encaja con una rotura de placas y sí con la huella típica de un dique magmático en expansión.
Los autores destacan que este mecanismo es más complejo de lo que se había descrito en estudios anteriores. La calidad de los datos permite observar detalles que antes eran imposibles, como episodios de tremor de pocas horas o rebotes de presión dentro del dique.
Además, el trabajo ofrece una base para mejorar los modelos que predicen erupciones y evaluar riesgos en regiones volcánicas activas. Según los investigadores, la combinación de aprendizaje automático y modelos físicos podría permitir rastrear intrusiones de magma casi en tiempo real.
El volcán de Santorini es uno de los más conocidos del mundo por su erupción minoica alrededor del 1620 a. C., una de las más grandes registradas en la historia. Aunque este episodio de 2025 no provocó una erupción, sí demuestra que el sistema volcánico sigue activo y capaz de reactivarse en cuestión de semanas.
Para los científicos, comprender estos procesos es clave para anticipar futuros eventos y mejorar la gestión del riesgo en una zona altamente visitada y densamente poblada.
Fuente: Science