La transición energética de Australia ya no es una simple utopía ambiental; la ciencia lo confirma siempre que la colaboración se mantenga en el centro del proceso. Un nuevo estudio internacional, liderado por la Universidad de Princeton y la Universidad de Queensland, revela que Australia puede alcanzar el cero neto de emisiones para 2060 sin perder su riqueza natural ni afectar la producción agrícola o los derechos de los pueblos indígenas.
El trabajo, publicado en *Nature Sustainability*, demuestra que es posible desplegar más de 110.000 km² de infraestructura de energía renovable, aproximadamente 1,7 veces el tamaño de Tasmania, sin invadir las áreas esenciales para la biodiversidad ni comprometer la economía rural. La clave es la colaboración entre gobiernos, empresas energéticas, agricultores y comunidades indígenas, eligiendo de forma consensuada las tierras donde se instalarán las nuevas tecnologías.
Sin esta colaboración, advierte el estudio, Australia enfrentaría un déficit de energía limpia cercano a 500 gigavatios, lo que podría aumentar el coste de la electricidad y frenar la transición. Además, el desarrollo desordenado pondría en riesgo hábitats críticos y los derechos históricos de los pueblos originarios sobre sus tierras.
El equipo de investigadores diseñó un modelo tecnoeconómico que integra objetivos de biodiversidad, sostenibilidad agrícola y respeto a los derechos indígenas. Este modelo permitió trazar un “mapa de semáforo” que identifica zonas óptimas (verde), zonas de negociación (naranja) y zonas prohibidas (rojo) para la expansión renovable. Según el estudio, el actual sistema de zonas energéticas australiano podría superponerse en más del 90% de su superficie con áreas de exclusión por biodiversidad, lo que urge a replantear la planificación.
El desafío no es menor: la velocidad y magnitud requeridas para instalar nueva infraestructura energética no tienen precedentes en la historia australiana. Pero los autores insisten en que no es solo posible, sino necesario incorporar las distintas voces en la toma de decisiones. El diálogo con agricultores, conservacionistas y pueblos indígenas resulta clave para evitar conflictos y lograr un desarrollo armónico.
“Hay valores que deben respetarse: la protección de la biodiversidad, los derechos de las tierras indígenas y el apoyo a los agricultores”, sostiene el coautor Chris Greig, del Centro Andlinger para la Energía y el Medio Ambiente. “Todos deben integrarse en la planificación, junto con las preocupaciones climáticas”.
Aunque persisten incertidumbres, como la falta de datos sobre la respuesta de muchas especies al cambio climático, los científicos afirman que no se puede demorar la acción. Utilizar los mejores datos disponibles, actualizar los modelos de planificación y actuar con flexibilidad serán esenciales para un futuro limpio y justo.
Este estudio es un llamado de atención a los planificadores y responsables de políticas públicas, el futuro energético de Australia puede ser limpio, justo y respetuoso con el entorno, pero solo si se abordan las necesidades sociales, ambientales y productivas de forma integrada y colaborativa.
Fuente: Nature Sustainability