Hasta hace poco, los astrónomos creían que las galaxias jóvenes vivían un solo gran estallido de estrellas al comienzo de su existencia. Sin embargo, nuevas investigaciones revelan que la historia es mucho más rica y diversa. Un reciente trabajo liderado por el consorcio ODIN ha demostrado que estas galaxias pueden pasar por varios periodos de intensa formación estelar, cambiando el paradigma sobre cómo evoluciona el cosmos.
El equipo, que analizó datos de más de 70 galaxias emisoras de Lyman alfa, encontró que solo dos tercios muestran un primer gran estallido estelar en el momento en que se observan. El resto ya había vivido explosiones importantes de estrellas en el pasado, lo que sugiere múltiples fases de crecimiento.
Este hallazgo, publicado en *The Astrophysical Journal Letters*, cuestiona la visión simplista de que las galaxias jóvenes son como “bebés” cósmicos en su primera infancia. De hecho, muchas de ellas pueden haber tenido “adolescencias” previas, marcadas por anteriores ciclos de nacimiento de estrellas.
Gracias a tecnologías de vanguardia y telescopios de última generación, los astrónomos pueden reconstruir la historia de formación estelar de estas galaxias, descubriendo que el brillo observado hoy es el resultado de una evolución mucho más dinámica de lo que se pensaba.
El trabajo se centró en las llamadas galaxias emisoras de Lyα, que brillan intensamente por la formación de estrellas jóvenes y calientes. Mediante un análisis detallado de la luz, los investigadores lograron distinguir diferentes “capítulos” en la vida de cada galaxia.
De acuerdo con el estudio, aproximadamente el 28% de las galaxias analizadas mostraban signos claros de haber experimentado, en el pasado, al menos otro gran episodio de formación estelar. Incluso, un 5% vivió su mayor estallido mucho antes del periodo actual.
Estos resultados sugieren que las galaxias pueden vivir múltiples “infancias” estelares, separadas por millones de años, lo que desafía la idea tradicional de un solo ciclo de formación. Cada estallido influye en la masa, el brillo y la evolución posterior de la galaxia.
Además, los científicos encontraron que la fracción de masa estelar formada en los últimos 200 millones de años es significativamente mayor en las galaxias emisoras de Lyα que en otras galaxias similares. Esto implica que estos objetos son laboratorios ideales para estudiar cómo se forman y evolucionan las estrellas en el universo primitivo.
El proyecto ODIN, que utiliza imágenes en múltiples longitudes de onda y sofisticadas técnicas de análisis espectral, ha permitido descubrir estos patrones ocultos en la historia cósmica. Esta nueva visión abre la puerta a entender mejor los procesos que dieron forma a las primeras galaxias.
Con la llegada de observatorios aún más potentes, como el Telescopio Espacial James Webb, los astrónomos esperan identificar nuevos detalles sobre cómo se encadenan estos estallidos y qué factores desencadenan nuevas oleadas de nacimiento estelar.
El hallazgo tiene importantes implicaciones para la cosmología, ya que ayuda a explicar la diversidad de galaxias que vemos hoy y aporta pistas sobre la formación de las estructuras a gran escala en el universo. Comprender estos ciclos permitirá afinar los modelos sobre la evolución del cosmos.
En definitiva, la historia de las galaxias es mucho más dinámica, variada y sorprendente de lo que suponíamos. Lejos de ser simples fósiles del pasado, las galaxias más antiguas en realidad esconden múltiples vidas, llenas de estallidos que aún hoy iluminan el universo.
Fuente: The Astrophysical Journal Letters – Sociedad Astronómica Americana