Una investigación liderada por científicos polares de la Universidad de Northumbria muestra que el retroceso del hielo en la Antártida Oriental está revelando picos montañosos capaces de liberar grandes cantidades de hierro al océano. Este mineral es esencial para el crecimiento del fitoplancton, los organismos microscópicos que absorben CO₂ mediante fotosíntesis y sostienen gran parte del ecosistema marino.
El estudio, publicado en Nature Communications, analizó muestras de las montañas Sør Rondane y encontró concentraciones de hierro hasta diez veces superiores a las reportadas antes en el continente. Muchas de las rocas expuestas estaban visiblemente oxidadas, un indicio de que la meteorización en superficies recién abiertas produce compuestos de hierro especialmente biodisponibles.
Este hierro viaja hacia el mar a través de glaciares e icebergs. Allí se integra en aguas donde, según observaciones satelitales, se producen floraciones recurrentes de fitoplancton. Durante estas explosiones de vida microscópica, el océano intensifica su capacidad de absorber dióxido de carbono.
Rocas que funcionan como una “fábrica natural” de hierro
La Dra. Kate Winter, autora principal del estudio, señaló que las superficies rocosas oscuras pueden calentarse por encima de los 20 °C durante el verano, incluso cuando la temperatura del aire sigue bajo cero. Ese contraste favorece la meteorización y, con ello, la liberación de material rico en nutrientes.
Los sedimentos que provienen de nunataks —los picos que sobresalen del hielo— mostraron más del triple de hierro extraíble que los sedimentos que ya transportaban los glaciares. Esto sugiere que las zonas recién expuestas por el deshielo podrían desempeñar un papel más relevante de lo que se pensaba en el ciclo global del carbono.
Un sistema natural que funciona a escala climática
La científica marina Sian Henley recuerda que los sedimentos ricos en hierro han llegado a la costa de forma continua a lo largo de la historia reciente. Es decir, lo que ocurre hoy representa un capítulo más de un proceso que ha operado durante miles de años.
Aun así, comprenderlo es clave. El Océano Austral es uno de los sumideros de carbono más importantes del planeta. Si el adelgazamiento del hielo aumenta la exposición de montañas y superficies rocosas, la producción natural de hierro podría incrementarse y con ello la actividad del fitoplancton.
Al mismo tiempo, el clima introduce cambios paralelos. El desprendimiento de icebergs, las fallas en las laderas rocosas y la aceleración del deshielo podrían multiplicar la cantidad de sedimentos que llegan al mar. Todo ello influye en cómo el océano regula el CO₂ atmosférico.
Más preguntas para un continente que cambia rápidamente
El hallazgo da esperanza, pero también deja desafíos abiertos. Los científicos subrayan que su estudio se centró en un único sistema glaciar. Para estimar su impacto real, es necesario investigar otras regiones y evaluar cuántos picos emergen, cuánta roca se meteiriza y cuánta llega finalmente al océano.
Comprender este mecanismo importa no solo para la ciencia, sino también para el futuro climático global. La conexión entre el continente antártico y la absorción de carbono es compleja, lenta y aún poco conocida.
Lo que sí deja claro la investigación es que la Antártida no es un paisaje estático. A medida que la capa de hielo retrocede, aparecen nuevas superficies, nuevos sedimentos y nuevos aportes a un océano que regula una parte esencial del CO₂ del planeta.
Fuente: Nature Communications