El reconocimiento llegó tras años de investigación en el Centro de Robótica y Tecnologías Subacuáticas (CIRTESU-UJI). El jurado valoró el diseño avanzado y la capacidad de combinar distintos sistemas en un mismo prototipo.
Las pruebas más recientes se realizaron en PortCastelló. Allí el pez robot demostró que podía comunicarse con un robot de superficie, un hito que hasta hace poco parecía lejano. La colaboración con la Autoridad Portuaria fue clave para trasladar el ensayo del laboratorio al mar, en un entorno real donde surgen imprevistos y las condiciones cambian minuto a minuto.
El robot destaca por su capacidad de desplegar y recuperar sensores en el agua. Sus aletas biomiméticas lo hacen moverse con naturalidad, mientras que un sonar y una cámara interna analizan las redes de piscifactorías para detectar daños que de otro modo pasarían desapercibidos.
Según el investigador Raúl Marín, la meta es clara, empezar en la piscina universitaria, aprender de cada prueba, y después dar el salto al mar abierto con todas las garantías de seguridad. Un proceso lento, pero necesario.
La tecnología busca algo más que mostrar músculo robótico. Sirve para mejorar la sostenibilidad en la acuicultura, revisar redes desde dentro, detectar roturas antes de que afecten a los peces, reducir pérdidas económicas y al mismo tiempo minimizar riesgos ambientales que aparecen cuando una malla se rompe sin aviso.
El pez robot también abre la puerta a un futuro en el que las reparaciones de las redes no dependan solo de buzos. Los investigadores ya diseñan sistemas que permitan a la máquina intervenir por sí misma, un cambio que transformaría la rutina de las piscifactorías y abarataría los costes de mantenimiento.
El presidente de la Autoridad Portuaria de Castellón, Rubén Ibáñez, subrayó que el puerto se consolida como polo de innovación gracias a estas pruebas periódicas. “Es una alianza entre ciencia e infraestructura que nos pone en el mapa de la experimentación tecnológica marina”, dijo.
El proyecto forma parte de la tesis doctoral de Andrea Pino Jarque, dirigida por María Rosario Vidal y Raúl Marín, y coordinada por Pedro J. Sanz. También han participado jóvenes como Max Puig Sariñena, que probó sistemas de comunicación submarina en PortCastelló dentro de su proyecto de fin de grado.
Para la UJI, el premio no es solo una medalla académica. Significa que el pez robot dejó de ser un prototipo llamativo para convertirse en una herramienta con futuro real en la automatización marina y en la acuicultura sostenible.