Las dos mayores economías del planeta, Estados Unidos y China, se enfrentan esta semana en un nuevo intento de diálogo comercial en Londres, mientras crecen las tensiones en múltiples frentes. A pesar de haber pactado una tregua arancelaria de 90 días en Ginebra durante el mes de mayo, recientes decisiones políticas y económicas han desatado una escalada que amenaza con romper ese frágil acuerdo.
Entre los temas más conflictivos están los controles a la exportación de tecnología avanzada como los chips de inteligencia artificial, las restricciones a la exportación de tierras raras por parte de China y la posible revocación de visas estudiantiles para ciudadanos chinos en EE.UU. Estas fricciones se han intensificado en la víspera de las conversaciones, generando incertidumbre sobre el rumbo que tomarán las relaciones bilaterales.
El conflicto sobre los semiconductores se reactivó tras un anuncio del Departamento de Comercio estadounidense, que advirtió que los chips Ascend AI de Huawei podrían infringir las regulaciones de exportación. La guía indica que estos procesadores habrían sido desarrollados con tecnología estadounidense, lo cual sería una violación directa de las restricciones vigentes desde 2019.
China, por su parte, reaccionó con fuerza. El Ministerio de Comercio acusó a EE.UU. de haber socavado unilateralmente el acuerdo alcanzado en Ginebra, afirmando que las nuevas directrices sobre exportación y el endurecimiento de políticas tecnológicas contradicen el espíritu del diálogo.
Para muchos analistas, esta disputa tecnológica no es solo un desacuerdo comercial, sino un conflicto estratégico por el dominio de la próxima revolución industrial, donde la inteligencia artificial y la soberanía digital están en el centro del tablero.
Mientras EE.UU. endurece los controles sobre sus exportaciones tecnológicas, China fortalece su posición restringiendo la salida de siete elementos críticos de tierras raras, esenciales para la fabricación de vehículos eléctricos, equipos militares y productos tecnológicos.
El gobierno chino comenzó a exigir licencias de exportación en abril, y aunque asegura estar atendiendo solicitudes, la escasez resultante ha despertado alarma en la industria automotriz global. Pekín podría estar utilizando estas medidas como presión diplomática encubierta para defender sus intereses estratégicos.
En respuesta, el expresidente Donald Trump denunció en redes sociales que China “ha violado totalmente su acuerdo con nosotros”, lo que ha avivado aún más la tensión previa al encuentro de alto nivel en Londres.
En un giro inesperado, la cuestión de las visas académicas se ha sumado al conflicto. Estados Unidos anunció su intención de revocar las visas de estudiantes chinos con presuntas conexiones con el Partido Comunista o que estudien en áreas consideradas “críticas”.
China ha interpretado esta medida como una provocación diplomática que atenta contra el consenso alcanzado en Ginebra. Más de 270.000 estudiantes chinos estuvieron matriculados en universidades estadounidenses durante el último año académico, y esta medida podría fracturar aún más los vínculos bilaterales en ciencia, innovación y cultura.
El secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, liderará la delegación de EE.UU. en Londres, en una cita que se anticipa tensa. Por parte de China, aún no se ha confirmado públicamente quién encabeza la comitiva, pero se espera una postura firme frente a los últimos acontecimientos.
Las tensiones entre ambas potencias no son nuevas, pero la acumulación de fricciones en sectores tan estratégicos como los semiconductores, las materias primas críticas y la movilidad académica hace temer que el colapso comercial entre EE.UU. y China ya no sea solo una posibilidad lejana, sino una amenaza inminente.
Fuente: AP News