India está apostando de forma masiva por el carbón, con planes para invertir cerca de 80.000 millones de dólares en nuevas plantas termoeléctricas antes de 2031. Sin embargo, este ambicioso impulso energético se enfrenta a una amenaza crítica: la escasez de agua. La mayoría de estos proyectos, que buscan satisfacer la creciente demanda industrial y urbana, se sitúan en regiones con graves problemas hídricos, una paradoja que podría convertir la inversión en un riesgo social y operativo.
En distritos como Solapur y Chandrapur, el acceso al agua potable se ha deteriorado de forma alarmante en la última década. Los residentes deben esperar días, o incluso semanas, para obtener agua, mientras las plantas de carbón consumen enormes volúmenes para su refrigeración y funcionamiento. Esta competencia directa ha provocado tensiones y protestas, poniendo en evidencia el conflicto entre el desarrollo industrial y las necesidades básicas de la población.
Un informe del Ministerio de Energía de India revela que 37 de los 44 nuevos proyectos de centrales de carbón están ubicados en zonas clasificadas oficialmente como afectadas por escasez o estrés hídrico. Las compañías eléctricas suelen priorizar la facilidad para acceder a la tierra sobre la disponibilidad de agua, lo que agrava el problema y genera un círculo vicioso de conflictos locales, costes crecientes y riesgos de parálisis operativa.
Las autoridades y las empresas eléctricas afirman que están implementando medidas para conservar y reutilizar el agua. Sin embargo, informes federales y análisis independientes señalan que las plantas térmicas indias consumen el doble de agua que la media mundial y que muchas operan con tasas de eficiencia por debajo del estándar internacional. La falta de recursos hídricos ha obligado incluso a paralizar la producción de energía durante períodos prolongados.
El caso de Solapur es paradigmático: la apertura de una planta de carbón de 1.320 megavatios en 2017 transformó la dinámica local. Aunque el proyecto generó empleos temporales y nuevos ingresos para algunos residentes, la presión sobre los embalses y la infraestructura de agua llevó a la población a una situación límite. Agricultores, trabajadores y familias han tenido que adaptar su vida diaria a la disponibilidad impredecible del recurso hídrico.
Mientras tanto, el gobierno indio defiende la expansión del carbón como una necesidad estratégica, argumentando que el país aún depende de este recurso para sostener su crecimiento y cubrir el déficit energético respecto a otras potencias, como China. No obstante, expertos y organizaciones medioambientales alertan de que la preferencia por el carbón, en detrimento de fuentes renovables, puede agravar la crisis ambiental y profundizar las desigualdades sociales.
Las tensiones entre las compañías eléctricas y las comunidades ya han derivado en protestas, desvíos forzosos de agua y demoras en la puesta en marcha de proyectos clave. El futuro de la expansión energética de India dependerá en gran medida de la gestión sostenible del agua y la capacidad de equilibrar el desarrollo económico con los derechos y necesidades de la población.
La apuesta india por el carbón, con inversiones multimillonarias, enfrenta así su mayor desafío fuera de los mercados: la dura realidad de la escasez de agua. Sin soluciones integrales y políticas inclusivas, las plantas termoeléctricas y las comunidades seguirán en una competencia desigual por un recurso cada vez más escaso.
Fuente: Reuters