El deshielo de la Antártida podría alterar el clima global y elevar el nivel del mar más rápido de lo previsto
Un equipo internacional de científicos utilizó modelos climáticos avanzados para prever cómo el agua de deshielo de la Antártida podría modificar la temperatura, los océanos y las lluvias del planeta
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
4 min lectura
El deshielo acelerado de la capa de hielo antártica podría desencadenar cambios profundos en el clima global y provocar un aumento del nivel del mar más rápido de lo estimado hasta ahora. Así lo revela un estudio internacional en el que participa la Universidad de Rhode Island (URI), publicado recientemente en la revista Nature Communications.
El trabajo combina observaciones satelitales y simulaciones por supercomputadora para analizar cómo el agua fría del deshielo afecta al océano y la atmósfera. Los resultados indican que, aunque el enfriamiento local podría frenar temporalmente el aumento de temperatura en el hemisferio sur, el impacto general en los patrones climáticos sería global y desigual.
El profesor Ambarish Karmalkar, del Departamento de Geociencias de la URI, colaboró en el desarrollo de un modelo interactivo que simula la respuesta del sistema climático a distintas tasas de pérdida de masa de hielo. Su equipo encontró que la descarga de agua dulce desde la Antártida podría alterar las corrientes oceánicas y redistribuir el calor entre hemisferios.
Uno de los efectos más llamativos es la posibilidad de un calentamiento adicional en el Atlántico Norte y el Ártico, mientras el hemisferio sur experimenta un leve enfriamiento. Este desequilibrio térmico modificaría los patrones de precipitación y aumentaría la frecuencia de eventos extremos, como lluvias intensas o sequías prolongadas.
“La interacción entre las capas de hielo, el océano y la atmósfera es más compleja de lo que se pensaba”, señaló Karmalkar. “Estos procesos no solo afectan a la Antártida, sino al clima global en las próximas décadas”.
El estudio advierte que la pérdida de masa de hielo en la Antártida Occidental y Oriental podría elevar el nivel del mar hasta tres metros para el año 2200 si continúan las emisiones actuales. Incluso en escenarios moderados, se prevé un incremento cercano a un metro, suficiente para afectar a millones de personas que viven en zonas costeras.
La distribución del aumento tampoco será uniforme. Según los cálculos del equipo, regiones como el Pacífico, el Índico y el Caribe experimentarían un ascenso mayor debido a los efectos gravitacionales y de deformación terrestre. En algunos puntos, el nivel del mar podría elevarse hasta 1,5 metros más que el promedio global.
Esto representa un riesgo considerable para comunidades insulares y áreas costeras bajas, donde la combinación de marejadas ciclónicas y erosión amenaza viviendas, infraestructura y ecosistemas. Los investigadores insisten en que estos efectos podrían agravarse por la desigualdad económica y la falta de planificación urbana.
“El aumento del nivel del mar no solo es una cuestión física, sino también social. Las comunidades más vulnerables serán las primeras en sufrir las consecuencias”, advirtió la autora principal, Shaina Sadai.
El equipo de científicos también encontró que la inyección de agua fría en el Océano Austral podría ralentizar temporalmente el calentamiento global al modificar la circulación oceánica. Sin embargo, este efecto amortiguador sería breve y no compensaría el impacto del deshielo continuo en los sistemas climáticos del planeta.
La investigación refuerza la necesidad de reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Según los autores, los compromisos actuales de mitigación presentados bajo el Acuerdo de París son insuficientes para evitar una pérdida masiva de hielo y un aumento irreversible del nivel del mar.
De mantenerse las tendencias actuales, más de mil millones de personas podrían vivir en áreas de riesgo costero para 2060. El informe insta a adoptar políticas de adaptación y resiliencia, así como inversiones en infraestructura y conservación de ecosistemas costeros que actúan como barreras naturales.
El estudio, financiado por la Fundación Nacional de Ciencias y el Centro Nacional de Investigación Atmosférica de EE. UU., se suma a una creciente evidencia científica que muestra que el futuro del clima global está estrechamente ligado a la estabilidad de las capas de hielo polares.
Los autores concluyen que el destino del hielo antártico dependerá de las decisiones que se tomen en las próximas décadas. Un escenario de mitigación ambiciosa aún podría limitar las pérdidas y evitar los peores impactos. De lo contrario, el mundo enfrentará transformaciones irreversibles en costas, océanos y sistemas climáticos.
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