Un nuevo estudio publicado en la revista Economic Inquiry ha identificado los factores que hacen que las guerras cibernéticas entre países sean cada vez más frecuentes e intensas. Los investigadores, liderados por el Dr. Rishi Sharma de la Universidad de Colgate, desarrollaron un modelo de teoría de juegos para analizar cómo las naciones invierten en capacidades ofensivas y defensivas dentro del ciberespacio.
El trabajo se centra en entender cómo las diferencias tecnológicas, las estructuras de red y las decisiones estratégicas influyen en la gravedad de los ataques digitales. Según los autores, la guerra cibernética moderna no depende solo del tamaño de un país, sino de la forma en que organiza y distribuye sus recursos digitales.
Un modelo que explica el auge de los ciberconflictos
El modelo planteado por los investigadores considera dos países: un atacante y un defensor, ambos con acceso a redes interconectadas. Cuando el atacante dispone de múltiples canales para penetrar la red del oponente, el coste del ataque disminuye en relación con el coste de defensa, lo que aumenta la probabilidad de un conflicto exitoso.
El estudio también demuestra que los conflictos digitales tienden a intensificarse cuando las capacidades cibernéticas de los países se igualan. Este hallazgo explica por qué naciones más pequeñas, pero tecnológicamente competentes, logran ejecutar ciberataques significativos contra potencias globales.
“Cuando las capacidades tecnológicas convergen, los ataques se vuelven más agresivos”, señaló el Dr. Sharma. “Esto demuestra que el equilibrio de poder en la guerra digital puede cambiar rápidamente, sin necesidad de un gran presupuesto militar.”
El estudio también analiza el papel de las políticas públicas en la ciberdefensa. Los investigadores encontraron que el control centralizado de la seguridad digital no siempre resulta beneficioso. En algunos casos, la excesiva centralización puede hacer que los ataques sean más predecibles y, por tanto, más dañinos.
De acuerdo con Sharma, la cooperación entre el sector público y privado puede ser más efectiva que las regulaciones uniformes impuestas desde el Estado. “Un sistema híbrido, donde los defensores privados complementen la infraestructura nacional, puede aumentar la resiliencia frente a ataques complejos”, explicó.
Los resultados del modelo sugieren que la clave para mitigar los ciberconflictos está en diseñar redes que limiten los puntos de entrada y mejoren la detección temprana. Además, las alianzas internacionales en materia de ciberseguridad serán cruciales para reducir el riesgo de escaladas entre potencias.
En última instancia, la investigación destaca que la guerra cibernética ya no es un fenómeno marginal, sino un campo de batalla global donde el conocimiento, la tecnología y la estrategia pesan más que las armas físicas. La competencia digital entre naciones redefine las reglas del poder en el siglo XXI.
Fuente: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/ecin.70027