Un grupo de ingenieros australianos ha presentado a Charlotte, un robot inspirado en una araña que promete transformar el sector de la construcción. Diseñado para levantar estructuras utilizando tierra comprimida en lugar de cemento, este prototipo podría permitir edificar viviendas ecológicas en la Tierra y, en el futuro, en la Luna.
Charlotte es el resultado de una colaboración entre Crest Robotics y Earthbuilt Technology, dos startups que buscan reducir los costes y las emisiones en la industria de la construcción. Su estructura combina aluminio, fibra de carbono y plásticos impresos en 3D, lo que la hace ligera, resistente y capaz de desplazarse sobre terrenos irregulares.
El robot cuenta con seis patas extensibles de más de cinco metros, que le permiten moverse alrededor de los muros mientras imprime la estructura de los edificios. En lugar de utilizar cemento o ladrillos, Charlotte emplea una técnica llamada “construcción con tierra comprimida”, que aprovecha materiales del entorno para crear capas sólidas y estables.
Durante las pruebas iniciales, Charlotte fue capaz de extruir tierra local a través de un sistema de compresión y tejer una membrana que mantiene la forma de las paredes. Según sus desarrolladores, este método no solo reduce drásticamente la huella de carbono, sino que también abarata los costes de construcción y ofrece diseños más libres y curvos.
“Esta tecnología podría cambiar las reglas del juego”, afirma Jan Golembiewski, cofundador de Earthbuilt. “Permite construir sin depender del cemento y convierte los materiales naturales del entorno en una herramienta de sostenibilidad y bajo impacto ambiental”.
Los ingenieros también ven un potencial fuera de nuestro planeta. La capacidad del robot para usar recursos del terreno lo convierte en un candidato ideal para misiones de construcción en la Luna, donde transportar materiales desde la Tierra resulta extremadamente costoso. Allí, podría utilizar el regolito lunar como materia prima para levantar hábitats.
Si Charlotte demuestra su eficacia a gran escala, podría marcar un antes y un después en la forma en que se diseñan y construyen las viviendas. Un paso hacia un futuro en el que las máquinas no solo construyan, sino que lo hagan de manera más ecológica y adaptable, incluso fuera del planeta.