Los incidentes con armas de fuego generan cada año un coste estimado de 322 millones de dólares en Nueva Zelanda, según un estudio de la Universidad de Otago. Entre 2000 y 2018, más de 1.000 personas murieron y más de 2.000 fueron hospitalizadas.
La investigación, publicada en Annals of Internal Medicine, analizó casos de suicidios, agresiones y accidentes con armas. El gasto hospitalario total en 19 años ascendió a 28,2 millones de dólares neozelandeses, pero el coste mayor provino de los años de vida perdidos por muertes prematuras.
Del total de fallecimientos, 819 fueron suicidios, 147 agresiones y 48 accidentes. Más del 80% de los hospitalizados necesitó cirugía, y la mayoría de las lesiones fueron accidentales. Los investigadores destacan que los suicidios representan la principal carga sanitaria y social.
El informe advierte que los maoríes y los pueblos del Pacífico sufren un mayor riesgo de ser víctimas de homicidios y hospitalizaciones por armas de fuego. En las zonas rurales, las tasas de hospitalización también resultaron más elevadas que en áreas urbanas pequeñas.
Tras tragedias como el tiroteo de Aramoana en 1990 y los ataques a las mezquitas de Christchurch en 2019, Nueva Zelanda endureció su Ley de Armas. Entre las medidas, prohibió las armas semiautomáticas de tipo militar, creó un registro nacional y reforzó los requisitos de licencia.
La investigadora principal, Lucy Telfar-Barnard, subrayó que “las armas de fuego suponen una gran carga para la salud del país”. Defendió mantener y fortalecer las regulaciones, además de promover más educación sobre seguridad para reducir los elevados costes humanos y financieros.