A principios de 2025, Santorini y su entorno fueron sacudidos por un enjambre sísmico inusual que alcanzó los 28.000 terremotos en pocas semanas. La magnitud de los temblores, algunos superiores a 5,0, causó alarma entre los habitantes de la isla y generó dudas sobre si el origen era tectónico o volcánico.
Un estudio internacional liderado por el GFZ de Potsdam y el centro GEOMAR de Kiel ofrece ahora respuestas precisas. La investigación concluye que la causa fue el ascenso de un volumen estimado de 300 millones de metros cúbicos de magma, que se desplazó desde la corteza profunda hasta apenas cuatro kilómetros bajo el lecho marino.
Los investigadores lograron reconstruir el proceso con un detalle sin precedentes, mostrando cómo el magma rompió la roca en su camino hacia arriba, generando decenas de miles de terremotos en el proceso.
Antecedentes geológicos de Santorini y Kolumbo
Santorini forma parte del arco volcánico helénico en el Mediterráneo oriental, una región donde la placa africana choca contra la placa helénica. El archipiélago actual es el borde de una caldera originada por una erupción colosal ocurrida hace 3.600 años.
En las cercanías se encuentra el volcán submarino Kolumbo, activo y vigilado, cuya proximidad a la isla lo convierte en una amenaza potencial. Además, la zona está atravesada por múltiples fallas geológicas que explican su fuerte inestabilidad sísmica.
La historia reciente confirma el riesgo: en 1950 Santorini registró su última erupción, y en 1956 dos terremotos de magnitudes 7,4 y 7,2 sacudieron la región, provocando un tsunami que afectó a varias islas del mar Egeo.
Hallazgos y métodos del estudio internacional
El análisis indica que el enjambre sísmico comenzó en julio de 2024, cuando el magma empezó a acumularse bajo Santorini, generando una elevación apenas perceptible. En enero de 2025, la actividad aumentó y el magma se desplazó hacia el noreste, bajo Kolumbo, provocando los temblores masivos.
Los sismos mostraron una migración progresiva desde los 18 kilómetros de profundidad hasta tan solo tres kilómetros por debajo del lecho marino. Este ascenso escalonado fue rastreado gracias a la combinación de datos sísmicos, GPS terrestre, interferometría satelital y sensores submarinos.
Un elemento clave fue el uso de inteligencia artificial desarrollada en el GFZ, que permitió analizar decenas de miles de señales sísmicas y localizar con precisión cada evento. Este enfoque reveló pulsos claros de migración magmática que coincidieron con los datos geodésicos.
Durante el proceso, la superficie del lecho marino en Kolumbo llegó a hundirse hasta 30 centímetros. Los autores interpretan este fenómeno como señal de una conexión hidráulica entre los sistemas volcánicos de Santorini y Kolumbo, algo que hasta ahora no había sido documentado.
Los resultados fueron posibles gracias a la colaboración internacional entre Alemania, Grecia y otros países europeos. Según los autores, comprender la dinámica de estos volcanes es vital para mejorar los sistemas de alerta temprana y la protección de la población local.
La actividad sísmica ha disminuido desde la crisis, pero Santorini sigue siendo un punto caliente de vigilancia. Las autoridades científicas mantienen en la zona estaciones sísmicas, sensores submarinos y programas de monitoreo de gases volcánicos para detectar cualquier reactivación.