China amplía su influencia en América Latina a través de megaproyectos estratégicos
China avanza con megaproyectos en América Latina para asegurar materias primas, influencia geopolítica y acceso a mercados clave
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
4 min lectura
Detrás del creciente número de represas, ferrocarriles, puertos, parques solares y contratos mineros que impulsa China en América Latina no solo hay ingeniería e inversión, sino una estrategia de largo alcance. El gigante asiático no actúa solo por interés económico inmediato, sino para consolidar su posición como actor global en un continente que durante décadas estuvo bajo la influencia predominante de Estados Unidos.
En los últimos años, Beijing ha multiplicado su presencia en la región mediante el financiamiento de obras de infraestructura, acuerdos energéticos y convenios de cooperación tecnológica. Estos megaproyectos se enmarcan en la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés), una estrategia que busca conectar al mundo a través de redes comerciales, logísticas y digitales con eje en China.
Objetivos múltiples: materias primas, logística y diplomacia
Uno de los principales intereses chinos en América Latina es el acceso seguro y continuo a materias primas críticas. Desde el cobre de Chile hasta el litio del triángulo andino (Argentina, Bolivia y Perú), pasando por el hierro de Brasil o la soja del Cono Sur, Beijing necesita estos recursos para sostener su crecimiento industrial y tecnológico.
Pero el control o aseguramiento de recursos no es el único objetivo. China también busca posicionarse como un socio confiable en infraestructura, financiando y construyendo puertos (como el de Chancay en Perú), represas hidroeléctricas (como las de Santa Cruz en Argentina), y sistemas ferroviarios (como el Ferrocarril Bioceánico). Estos proyectos no solo mejoran la conectividad regional, sino que también establecen una red logística favorable a los intereses comerciales chinos.
Además, la diplomacia juega un papel clave. China ha suscrito más de 20 memorandos de entendimiento con países latinoamericanos para integrarlos a la BRI. Esta red de acuerdos fortalece su influencia política y crea dependencia institucional, especialmente en naciones con restricciones de acceso a financiamiento occidental.
Un nuevo tipo de relación Sur-Sur
A diferencia de las viejas potencias coloniales o de las exigencias de organismos como el FMI, China se presenta como un socio pragmático que evita interferencias políticas. Este enfoque ha sido bien recibido por varios gobiernos latinoamericanos que buscan diversificar alianzas o salir de la órbita de Washington.
Sin embargo, la relación no está exenta de tensiones. Algunos megaproyectos han generado controversias por sus impactos ambientales, por el uso de mano de obra china en lugar de local, o por cláusulas contractuales opacas. Además, economistas y especialistas advierten sobre riesgos de dependencia tecnológica y financiera a largo plazo.
¿Desafío o complemento al orden occidental?
La estrategia china en América Latina puede interpretarse como un desafío directo al dominio tradicional de Estados Unidos, especialmente en sectores clave como las telecomunicaciones, la energía y los minerales críticos. Empresas como Huawei, State Grid o China Railway ya compiten con actores occidentales en mercados latinoamericanos que antes les eran exclusivos.
Sin embargo, también puede verse como un complemento. En muchos casos, los proyectos chinos llenan vacíos dejados por el desinterés o la retirada de inversiones occidentales. La región, por su parte, tiene una oportunidad de aprovechar esta competencia para obtener mejores condiciones, siempre y cuando logre establecer marcos de regulación sólidos y coherentes.
En definitiva, los megaproyectos chinos en América Latina no son obras aisladas: son parte de una estrategia global que combina poder económico, influencia política y proyección tecnológica. Su impacto dependerá no solo de lo que China construya, sino de cómo respondan los países latinoamericanos.
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