China dio un paso importante hacia la apertura de su sector energético. El gobierno anunció nuevas medidas para permitir una mayor participación del capital privado en proyectos de energía nuclear, hidroeléctrica y redes de transmisión interregional, una estrategia destinada a reactivar la inversión y aliviar la desaceleración económica del país.
El plan, presentado este lunes por la Administración Nacional de Energía (NEA) y la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC), busca incentivar la entrada de empresas privadas en sectores que hasta ahora estaban dominados casi por completo por corporaciones estatales.
“El objetivo es reforzar el apoyo político y crear condiciones más favorables para atraer capital privado al sector energético”, declaró Xu Xin, subdirector del departamento legal de la NEA, durante una conferencia en Pekín.
Un intento por reanimar la inversión y el crecimiento interno
Durante los últimos meses, China ha intensificado sus esfuerzos para apoyar a las empresas privadas y estimular una economía que enfrenta presiones crecientes: bajo consumo interno, tensiones comerciales y una prolongada crisis inmobiliaria.
El nuevo marco permitirá que las compañías privadas participen hasta con un 20% de las acciones en algunos proyectos de energía nuclear, además de abrir oportunidades en centrales hidroeléctricas y redes eléctricas interregionales.
Según el gobierno, también se fomentará la participación privada en proyectos estratégicos de oleoductos, gasoductos y almacenamiento de gas natural licuado (GNL), sectores clave para garantizar la seguridad energética del país.
“El gabinete ha pedido evaluar cuidadosamente la viabilidad de cada proyecto y establecer porcentajes de participación adecuados según las características del sector”, explicó Guan Peng, subdirector del departamento de inversión en activos fijos de la NDRC.
El capital privado regresa a un terreno antes reservado al Estado
Históricamente, el sector energético chino ha estado controlado por grandes conglomerados estatales como China National Nuclear Corporation y State Grid Corporation of China. Sin embargo, la inversión privada en activos fijos cayó un 3,1% en los primeros nueve meses de 2025, mientras que la inversión estatal aumentó un 1%.
Con esta brecha creciente, Pekín busca reactivar el flujo de capital hacia la infraestructura y dar señales de confianza a los empresarios, un objetivo respaldado por una ley aprobada en abril para fortalecer el papel del sector privado en la economía nacional.
Los proyectos de energía nuclear y transmisión eléctrica interregional requerirán aprobaciones especiales y evaluaciones de impacto, pero el gobierno promete facilitar los trámites y acelerar la financiación mediante canales de crédito y “vías verdes” para fusiones, adquisiciones y salidas a bolsa.
Una apertura controlada, pero significativa
Aunque las autoridades insisten en que la participación privada seguirá siendo minoritaria, la decisión representa un cambio de tono respecto al modelo de control estatal absoluto. El acceso al sector nuclear —incluso limitado al 20%— marca una señal de confianza y apertura gradual.
“China está ajustando su estrategia energética para mantener la estabilidad mientras amplía su capacidad eléctrica y reduce las emisiones”, señalaron analistas del Instituto de Energía de Pekín. “Incorporar capital privado permite diversificar la inversión sin perder control político.”
A medida que el país avanza hacia sus metas de neutralidad de carbono para 2060, la colaboración entre empresas estatales y privadas podría ser clave para equilibrar crecimiento, eficiencia y sostenibilidad.
El anuncio subraya una tendencia más amplia dentro de la economía china: usar la apertura selectiva como herramienta para impulsar el desarrollo sin ceder el control estructural. En el sector energético, ese equilibrio entre capital y política marcará los próximos años del gigante asiático.