Un equipo de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) y la startup Diraq alcanzó un hito decisivo en la computación cuántica al demostrar que sus chips de silicio mantienen una fidelidad superior al 99% incluso cuando se fabrican en entornos industriales. El logro marca un paso crucial para que esta tecnología salga del laboratorio y avance hacia la producción a gran escala.
La colaboración con el instituto europeo de nanoelectrónica imec fue determinante. Los dispositivos diseñados por Diraq conservaron el mismo rendimiento que en condiciones experimentales, validando que pueden producirse en fábricas de semiconductores tradicionales sin perder precisión.
Durante años se pensó que la fidelidad lograda en un laboratorio no podría reproducirse fuera de él. Ese obstáculo limitaba la creación de procesadores cuánticos comerciales. La nueva demostración rompe con esa barrera y abre la puerta a un desarrollo industrial rentable.
El reto ahora es mayor: para alcanzar la llamada escala de utilidad, las computadoras cuánticas deberán operar con millones de cúbits estables y tolerantes a fallos. Solo con procesos repetibles y de gran volumen se podrá llegar a ese nivel de complejidad.
El silicio ofrece una ventaja clave. Este material no solo puede albergar millones de cúbits en un mismo chip, sino que además aprovecha la infraestructura ya existente de la industria global de microchips, valorada en billones de dólares.
“Nuestros hallazgos confirman que los cúbits de silicio pueden fabricarse en fundiciones convencionales y mantener la precisión necesaria”, explicó Andrew Dzurak, profesor de la UNSW y director ejecutivo de Diraq. A su juicio, esta capacidad industrial marca el inicio de una nueva etapa en la computación cuántica.
El próximo desafío será escalar los sistemas sin perder estabilidad. Si se logra, la computación cuántica dejará de ser experimental y se convertirá en una herramienta práctica con aplicaciones en sectores como energía, salud, transporte y seguridad global.