Durante años, los orbitadores que estudian Marte detectaron señales de hidrógeno en su ecuador, un indicio de que podría existir hielo en una región donde, por las condiciones de temperatura y presión, no debería sobrevivir. Ahora, un nuevo estudio de la NASA y la Universidad Estatal de Arizona ofrece una posible respuesta: dos erupciones volcánicas gigantes habrían desencadenado una tormenta planetaria capaz de cubrir el ecuador con nieve y sellar el hielo bajo la superficie.
Los investigadores, liderados por Saira S. Hamid y Amanda B. Clarke, simularon las condiciones de Marte hace unos 4.000 millones de años, cuando su atmósfera era más densa y húmeda. Según sus modelos, el vapor de agua liberado por las erupciones —combinado con ácido sulfúrico y polvo volcánico— habría formado una nevada masiva que cambió el clima del planeta.
Las simulaciones revelan que las columnas eruptivas alcanzaron hasta 45 kilómetros de altura y liberaron alrededor de 400 billones de kilogramos de vapor en solo unos días. La tasa de precipitación estimada fue de 0,5 metros de hielo por día, una intensidad comparable a las tormentas más extremas de la Antártida terrestre. En cuestión de semanas, grandes zonas ecuatoriales quedaron cubiertas por capas de varios metros de espesor.
Dos volcanes, una nevada planetaria
Los protagonistas de este evento fueron Apollinaris Mons y Syrtis Major, dos de los volcanes más antiguos del planeta rojo. En apenas tres a cinco días de actividad, cada uno habría expulsado enormes volúmenes de gases y agua, alterando de forma drástica la composición atmosférica y provocando un enfriamiento global.
A esa mezcla explosiva se sumó la emisión de ácido sulfúrico (H₂SO₄), que generó aerosoles reflectantes capaces de reducir la radiación solar y desencadenar un invierno volcánico. Las temperaturas promedio del planeta descendieron unos diez grados Kelvin, y una densa capa de polvo y hielo envolvió Marte durante años.
Una vez finalizadas las erupciones, el polvo volcánico cubrió las capas de hielo, sellándolas y preservándolas bajo la superficie durante millones de años. Este proceso explicaría las anomalías de hidrógeno detectadas por misiones como Mars Odyssey y ExoMars TGO en la región ecuatorial.
Implicaciones para la exploración y la vida marciana
Si ese hielo aún existe bajo el ecuador marciano, representa un recurso estratégico para futuras misiones humanas, ya que está en zonas más templadas y accesibles que los polos. Además de ser una posible fuente de agua y oxígeno, podría ofrecer pistas sobre la habitabilidad pasada del planeta.
Los lugares donde el calor volcánico, el agua y los minerales reactivos coincidieron podrían haber creado entornos propicios para la vida microbiana. “Los sitios donde el hielo y el calor se cruzan son los más prometedores para buscar rastros de vida pasada”, explican las autoras del estudio.
Misiones como Mars Ice Mapper o el futuro Observatorio Vera C. Rubin podrían confirmar la existencia de estas capas heladas bajo el regolito ecuatorial. Si se verifica, no solo reescribiría la historia climática de Marte, sino que abriría una nueva era en su exploración científica y humana.
Fuente: Gizmodo