Las mantarrayas oceánicas, las rayas más grandes del planeta, están demostrando que su vida bajo el mar es más compleja de lo que se pensaba. Un nuevo estudio internacional revela que pueden sumergirse a más de 1.200 metros de profundidad, posiblemente para orientarse en mar abierto y no simplemente para alimentarse.
El hallazgo, publicado en la revista Frontiers in Marine Science, se basa en una década de observaciones en Perú, Indonesia y Nueva Zelanda. Los investigadores equiparon a 24 mantas con sensores de profundidad y seguimiento, logrando documentar inmersiones extremas en hábitats oceánicos poco explorados.
“A gran distancia de la costa, estas mantas realizan descensos pronunciados y regulares que podrían servirles para construir una especie de mapa mental del entorno marino”, explicó el doctor Calvin Beale, de la Universidad de Murdoch. “La profundidad les ofrece señales estables, como variaciones magnéticas o químicas, útiles para orientarse”.
El equipo registró más de 2.700 días de datos, durante los cuales las mantas neozelandesas realizaron 71 inmersiones a más de 500 metros de profundidad. En algunos casos, alcanzaron los 1.250 metros antes de ascender lentamente y permanecer varios minutos en la superficie para recuperarse.
Las mantas podrían usar las profundidades para orientarse y recorrer grandes distancias
Los patrones de movimiento indican que las inmersiones profundas suelen realizarse justo después de abandonar las plataformas continentales. Este comportamiento no coincide con estrategias de caza o defensa, por lo que los científicos creen que está relacionado con la navegación y la orientación.
Durante los días posteriores a estas inmersiones, las mantas recorrieron más de 200 kilómetros, lo que refuerza la hipótesis de que usan las profundidades como referencia para planificar su rumbo. Según los investigadores, las señales magnéticas y químicas del agua profunda son más estables que las de la superficie, donde influyen las corrientes y la temperatura.
“Estas especies migratorias dependen tanto de los hábitats costeros como de los oceánicos”, añadió Beale. “Comprender cómo se orientan en aguas abiertas nos ayuda a entender su papel ecológico y cómo conectan ecosistemas distantes”.
El estudio también advierte que el número limitado de mantas marcadas y el uso de registros intermitentes dejan espacio para nuevas investigaciones. Aun así, el hallazgo abre una ventana al comportamiento de los gigantes marinos, que podrían ser más inteligentes y adaptativos de lo que se creía.
Las mantarrayas oceánicas, que pueden alcanzar 7 metros de envergadura, siguen siendo especies vulnerables por la pesca y el cambio climático. Proteger las rutas donde realizan estas inmersiones profundas será clave para garantizar su supervivencia y la salud de los ecosistemas marinos globales.