En Suecia, un grupo de científicos de la Universidad de Linköping utilizó drones equipados con sensores para medir algo que casi nadie había observado de cerca, los gases que escapan de las plantas de tratamiento de aguas residuales. Lo que encontraron cambió por completo las estimaciones globales de contaminación.
Durante años se creyó que estas instalaciones tenían un impacto relativamente pequeño sobre el clima. Sin embargo, las nuevas mediciones revelaron que las emisiones de metano y óxido nitroso son mucho más altas de lo calculado, hasta 2,5 veces superiores a las cifras reportadas por los modelos del IPCC.
El hallazgo no solo expone una fuente de gases de efecto invernadero poco vigilada, sino que también pone de relieve lo limitada que resulta la información en la que se basan las políticas ambientales. Sin datos reales, la magnitud del problema había pasado inadvertida.
El lado oculto del tratamiento del agua
Las emisiones más elevadas se detectaron en la fase posterior al tratamiento, cuando los lodos se almacenan antes de ser reutilizados. En ese proceso, las bacterias siguen generando metano y óxido nitroso, dos gases con un fuerte poder de calentamiento global. El segundo, en particular, puede ser hasta 300 veces más potente que el dióxido de carbono.
El investigador Magnus Gålfalk explicó que las mediciones aéreas permiten observar un fenómeno que los métodos terrestres no registran. “Desde arriba podemos ver cómo se escapan los gases y estimar su volumen con precisión. Es como encender la luz en una habitación oscura”, comentó.
El estudio sugiere que la falta de control sobre esta fase del proceso explica buena parte del desfase entre los cálculos oficiales y las emisiones reales. A diferencia de lo que se suponía, los lodos no permanecen inactivos, sino que siguen liberando gases durante semanas.
Según los autores, bastaría con sellar mejor los depósitos o acortar los tiempos de almacenamiento para reducir considerablemente el impacto. También proponen que los municipios midan sus emisiones de forma directa en lugar de depender de proyecciones genéricas.
El equipo confía en que los resultados sirvan para actualizar los modelos internacionales y estimular políticas más realistas. “No estamos hablando de una fuente menor. Si estos datos se replican en otros países, el impacto global podría ser enorme”, advirtió Gålfalk.
El estudio sueco demuestra que a veces los mayores descubrimientos llegan desde el aire. Los drones, diseñados para observar, no solo grabaron imágenes, también revelaron que las soluciones que creíamos limpias siguen emitiendo en silencio.