Un nuevo estudio realizado por la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, analizó cómo los hábitos previos a dormir influyen en la calidad del sueño de los adolescentes. Los investigadores encontraron que las pantallas retrasan el inicio del sueño, mientras que la actividad física aporta beneficios notables.
El trabajo, publicado en la revista Pediatrics Open Science, se centró en jóvenes de entre 11 y 14 años. El objetivo era comprender mejor los factores que afectan el descanso en esta etapa clave del desarrollo, donde la falta de sueño es un problema cada vez más frecuente.
En total participaron 83 adolescentes, de los cuales el 37 % eran maoríes y el 42 % mujeres. Durante ocho noches se registraron sus horas de sueño con acelerómetros Axivity, mientras que cámaras portátiles documentaron la actividad previa a acostarse.
Además de medir el tiempo frente a pantallas, los investigadores evaluaron la actividad física de intensidad moderada a vigorosa y la ingesta de alimentos o bebidas en la hora previa al sueño. Con estos datos aplicaron modelos estadísticos de regresión para identificar asociaciones.
Los resultados mostraron que el 99 % de los adolescentes usó pantallas la mayoría de las noches, con un promedio de 32 minutos. Aunque el tiempo total de sueño no se redujo significativamente, sí aumentó en un 84 % la latencia, lo que equivale a más de 23 minutos adicionales para conciliar el sueño.
En contraste, quienes realizaron actividad física antes de dormir lograron extender su tiempo de descanso en 34 minutos. Este hallazgo resalta el papel positivo de la actividad física incluso cuando se practica poco tiempo antes de acostarse.
En cuanto a la alimentación, cerca del 63 % de los jóvenes consumió algún alimento en la última hora del día. Sin embargo, los análisis no encontraron una relación clara entre la ingesta calórica y la calidad o duración del sueño.
Los autores concluyen que las guías actuales sobre el sueño juvenil podrían revisarse, ya que el impacto del uso de pantallas y de la actividad física no es uniforme. Aun así, advierten que limitar el uso de dispositivos electrónicos por la noche sigue siendo recomendable para reducir retrasos en la conciliación del sueño.