Un equipo de la Universidad de Umeå en Suecia ha demostrado que el hielo puede disolver minerales de hierro con mayor rapidez que el agua líquida. El hallazgo contradice la idea de que las bajas temperaturas ralentizan las reacciones químicas.
El estudio, publicado en la revista científica PNAS, muestra que a temperaturas de hasta -10 °C el hielo libera más hierro de minerales comunes que el agua a 4 °C. Este proceso ayuda a explicar por qué muchos ríos del Ártico presentan tonos anaranjados a medida que se derrite el permafrost.
Según el profesor Jean-François Boily, “el hielo no es un bloque congelado pasivo”. La congelación forma diminutas bolsas de agua líquida altamente ácidas entre los cristales de hielo, que actúan como reactores químicos capaces de atacar al hierro incluso a -30 °C.
Para comprobarlo, los investigadores trabajaron con el mineral goethita y un ácido orgánico natural. Utilizando microscopía avanzada, observaron que los ciclos de congelación y descongelación liberan progresivamente compuestos atrapados, lo que intensifica las reacciones químicas.
Los resultados indican que el agua dulce y salobre potencian la disolución del hierro, mientras que el agua de mar puede frenar el proceso. Esto convierte a suelos ácidos, drenajes mineros y entornos polares en escenarios clave para evaluar el impacto del fenómeno.
El primer autor del estudio, Angelo Pio Sebaaly, destacó que los ciclos de hielo y deshielo se intensifican con el cambio climático, liberando hierro al agua y afectando la calidad de los ecosistemas acuáticos en amplias regiones del planeta.
Los científicos concluyen que el hielo es un actor activo en la química ambiental. Su capacidad para acelerar reacciones en regiones frías podría tener consecuencias profundas en el ciclo global de los elementos y en la salud de los ecosistemas polares.