Un equipo de paleontólogos de la Universidad de Leicester logró reconstruir la causa de muerte de dos diminutos pterosaurios de apenas 20 centímetros de envergadura. El hallazgo, publicado en la revista Current Biology, describe cómo estas crías quedaron atrapadas en una tormenta tropical hace 150 millones de años.
Los fósiles, encontrados en los famosos depósitos calizos de Solnhofen, en el sur de Alemania, muestran fracturas idénticas en las alas de los animales, lo que sugiere que ráfagas de viento extremas provocaron la rotura de sus huesos y su posterior caída a la laguna jurásica.
Este tipo de conservación es excepcional, ya que los pterosaurios tenían esqueletos extremadamente frágiles y huecos, ideales para el vuelo pero muy difíciles de fosilizar. La rápida sepultura en los lodos finos removidos por la tormenta permitió preservar los esqueletos casi completos.
Los investigadores apodaron a los ejemplares Lucky y Lucky II. A pesar de su diminuto tamaño, ambos han permitido comprender cómo los fenómenos climáticos del Jurásico influyeron en la preservación de organismos que, en condiciones normales, apenas dejan rastro fósil.
El estudio también resuelve un misterio paleontológico: en Solnhofen abundan fósiles de pterosaurios muy jóvenes, pero escasean los adultos. Los científicos explican que las tormentas arrastraban a los ejemplares más débiles hacia las lagunas, mientras que los adultos conseguían sobrevivir y rara vez se preservaban.
Conocidos científicamente como *Pterodactylus*, estos pequeños reptiles voladores representan los fósiles más antiguos de pterosaurio descritos. Los nuevos ejemplares revelan detalles únicos, como fracturas limpias en el húmero, que indican muertes violentas causadas por fuerzas naturales.
Los paleontólogos consideran que este hallazgo no solo aporta información sobre la biología de los pterosaurios, sino también sobre los procesos de fosilización. En este caso, la tormenta funcionó como un agente doble: causó la muerte de los animales y al mismo tiempo creó las condiciones para su preservación.
La investigación confirma además que el registro fósil está sesgado a favor de los ejemplares más pequeños. Los adultos, con esqueletos igualmente frágiles, solían descomponerse en la superficie antes de ser enterrados, dejando únicamente restos parciales en los depósitos.
El descubrimiento de Lucky y Lucky II es una ventana única al Jurásico tardío y demuestra cómo los fósiles más inesperados pueden surgir de tragedias naturales ocurridas hace millones de años, ayudando a los científicos a reescribir la historia de la vida en la Tierra.