La amenaza de una guerra entre Estados Unidos y China deja de ser una hipótesis lejana para convertirse en una preocupación tangible en las estrategias de defensa. El general de brigada Doug Wickert, comandante en la Base Aérea Edwards de California, advirtió que si China lanza un ataque sobre Taiwán, los estadounidenses deben estar preparados para impactos directos en sus propias comunidades y en infraestructuras críticas desde el primer momento.
Durante una sesión informativa reciente, Wickert recalcó que el crecimiento militar chino y sus preparativos para un conflicto mayor hacen imprescindible fortalecer la defensa nacional y la resiliencia civil. El desarrollo del bombardero B-21 Raider en el "Valle Aeroespacial" californiano es parte central de la disuasión, pero Pekín podría atacar las fábricas y bases asociadas si estalla la guerra.
Las advertencias de Wickert se suman a las de altos funcionarios estadounidenses que afirman que el presidente Xi Jinping ha ordenado a sus fuerzas estar listas para una posible invasión de Taiwán en 2027. Sin embargo, aunque no hay una decisión definitiva, el ritmo de preparación militar en ambos países es el más alto desde la Guerra Fría.
China invierte masivamente en misiles de largo alcance y capacidades de "Denegación de Acceso al Área" (A2AD), dificultando el despliegue de fuerzas estadounidenses en la región. Ante esto, EE.UU. refuerza bases en el Pacífico, reactiva pistas en Filipinas y en Guam, y desarrolla el sistema de defensa "Cúpula Dorada" para proteger su territorio y bases estratégicas.
El Pentágono considera probable que en caso de conflicto, instalaciones como Guam sean objetivos prioritarios de ataques con misiles chinos. Por ello, las fuerzas armadas estadounidenses y sus aliados regionales intensifican ejercicios conjuntos y planes de reconstrucción de infraestructuras militares bajo fuego.
Simulacros recientes indican que cualquier guerra por Taiwán podría extenderse a ataques contra bases en EE.UU. continental, sabotaje de infraestructuras críticas mediante ciberofensivas, e incluso acciones nucleares limitadas. Además, se alerta de un posible conflicto simultáneo con Corea del Norte o Rusia, lo que complicaría aún más la capacidad de respuesta estadounidense.
Los expertos advierten sobre la escasez de municiones y reservas estratégicas en EE.UU., después de años de operaciones y conflictos regionales. “Si China ataca y EE.UU. decide intervenir, será una guerra larga, sangrienta y de desgaste, que podría afectar la vida cotidiana y la seguridad nacional como no se ha visto en décadas”, concluye Peter Apps.
Referencias: Reuters