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Inquisición: Qué fue, orígenes y Abolición

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Ilustración de un interrogatorio bajo tortura durante la Inquisición, con monjes y clérigos alrededor de un prisionero sometido al potro

La Inquisición fue un conjunto de tribunales creados por la Iglesia Católica para investigar y castigar la herejía, es decir, las creencias que se apartaban de la doctrina oficial. La palabra viene del latín inquisitio, que significa "investigación" o "indagación".

Sus tribunales investigaban a los sospechosos, los juzgaban y, si los hallaban culpables, los castigaban con penas que iban desde la penitencia hasta, en los casos más graves, la muerte en la hoguera. Aunque al principio persiguió a ciertos movimientos heréticos, con el tiempo amplió su objetivo a judeoconversos, moriscos, protestantes y acusados de brujería.

No fue una única institución, sino varias que cambiaron según la época y el lugar, a lo largo de un periodo que se extendió desde el siglo XII hasta el siglo XIX, dejando tras de sí una historia tan real como rodeada de leyenda.

Origen de la Inquisición

La Inquisición nació en la Edad Media, en 1184, cuando el papa Lucio III promulgó la bula Ad abolendam para combatir la herejía de los cátaros (o albigenses) en el sur de Francia. Este movimiento, junto al de los valdenses, cuestionaba la autoridad y la riqueza de la Iglesia, y se había extendido peligrosamente por amplias zonas de Europa.

Para la Iglesia, la herejía no era solo un asunto religioso, sino una amenaza al orden social entero, que en aquella época se sostenía sobre la fe común. Por eso decidió perseguirla de forma organizada. En esta primera fase, llamada Inquisición episcopal, eran los obispos de cada diócesis quienes investigaban a los sospechosos dentro de su territorio.

Sin embargo, el sistema resultó poco eficaz: dependía de la voluntad de cada obispo y carecía de criterios comunes. Por eso, en 1231, el papa Gregorio IX dio el paso decisivo y creó la Inquisición pontificia, con tribunales que dependían directamente del papa y que confió a una orden religiosa preparada para la tarea, los dominicos. Con ello, la persecución de la herejía pasó a ser una maquinaria centralizada y profesional.

Los tipos de Inquisición

A lo largo de la historia existieron varias inquisiciones distintas. Conviene no confundirlas:

  • Inquisición medieval (desde 1184): la primera, nacida para combatir a los cátaros en Francia e Italia. Dependía de la Iglesia y actuaba de forma itinerante, sin tribunales permanentes.
  • Inquisición española (1478-1834): la más famosa. La fundaron los Reyes Católicos con permiso del papa Sixto IV, pero, a diferencia de la medieval, dependía de la Corona, no del papa. Se centró en perseguir a los judeoconversos y moriscos sospechosos de seguir practicando su antigua religión en secreto.
  • Inquisición romana (1542-1965): creada para frenar el avance del protestantismo en Italia. De ella saldría el juicio a Galileo.

¿Cómo funcionaba la Inquisición?

El proceso inquisitorial era temible por su secretismo. El acusado solía desconocer la identidad de quien lo había denunciado, y debía demostrar su inocencia más que probarse su culpa. A partir de 1252, la Iglesia autorizó el uso de la tortura para arrancar confesiones, aunque, en teoría, estaba regulada y limitada.

Entre los métodos estaban el potro (que estiraba el cuerpo), la tortura del agua (sensación de ahogamiento) y la garrucha (colgar al reo por las muñecas). Las sentencias se leían en ceremonias públicas llamadas autos de fe, y las penas iban desde llevar un hábito penitencial o peregrinar, hasta la confiscación de bienes o, en los casos extremos, la entrega al brazo civil para morir en la hoguera.

Conviene aclarar un punto que la leyenda exagera: la muerte en la hoguera fue minoritaria. Se calcula que la Inquisición española, en sus más de tres siglos de historia, ejecutó a entre 2.000 y 3.000 personas, una cifra muy lejana de las exageraciones populares, aunque cada caso fuera una tragedia.

Juicios famosos de la Inquisición

Pintura de Galileo Galilei ante el Santo Oficio, obra de Joseph-Nicolás Robert-Fleury del siglo XIX.
Galileo ante el Santo Oficio, por Joseph-Nicolás Robert-Fleury (siglo XIX).

El caso más célebre fue el de Galileo Galilei, juzgado en 1633 por defender que la Tierra giraba alrededor del Sol, en contra de lo que sostenía la Iglesia. Obligado a retractarse, pasó sus últimos años bajo arresto domiciliario. Aún más trágico fue el del filósofo Giordano Bruno, quemado vivo en 1600 por sus ideas sobre un universo infinito.

Otros procesos sonados fueron el de las brujas de Zugarramurdi (1610) en el País Vasco, y el de los Caballeros Templarios, acusados de herejía a comienzos del siglo XIV.

La Inquisición y la caza de brujas

Suele creerse que la Inquisición fue la gran responsable de la caza de brujas, pero la realidad es más matizada. La mayoría de los juicios por brujería los llevaron a cabo tribunales civiles, sobre todo en el centro y norte de Europa, en zonas protestantes. De hecho, la Inquisición española fue a menudo más escéptica con las acusaciones de brujería que los tribunales seculares.

El tristemente famoso manual Malleus Maleficarum (1487), una guía para identificar brujas, no fue obra de la Inquisición, aunque alimentó la histeria. La gran caza de brujas europea fue, sobre todo, un fenómeno de la Edad Moderna y de la justicia civil, más que de los tribunales de la fe.

La abolición de la Inquisición

A partir del siglo XVIII, las ideas de la Ilustración y los movimientos liberales, que defendían la libertad de conciencia, dejaron a la Inquisición sin justificación. Su desaparición fue gradual y accidentada.

En España, Napoleón la suprimió en 1808 durante la ocupación francesa, y las Cortes de Cádiz la abolieron en 1812, pero el rey Fernando VII la restauró al volver al trono. Finalmente, fue suprimida de forma definitiva en 1834, durante la regencia de María Cristina, ya muy lejos del mundo medieval en el que había nacido. Su heredera actual, sin sus poderes coercitivos, es el Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano (la antigua Congregación para la Doctrina de la Fe, que cambió de nombre con la reforma de 2022).

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