Alemania afronta el inicio del invierno con menos viento de lo habitual y una generación hidroeléctrica reducida, lo que ha forzado a las eléctricas a recurrir al gas para mantener el suministro. Este aumento del consumo energético está complicando los planes europeos para llenar los depósitos antes de la temporada de frío.
Los datos de la consultora LSEG muestran que la generación de electricidad a gas en Alemania ha crecido un 15 % en los primeros diez meses de 2025, el nivel más alto desde 2021. Con menos energía procedente del viento y del agua, el país ha tenido que recurrir a fuentes fósiles para cubrir la demanda.
Esta dependencia del gas está teniendo un efecto colateral claro: los depósitos alemanes, que suelen estar casi llenos en noviembre, se encuentran alrededor del 86 % de su capacidad. En toda Europa, la media es del 83 %, muy por debajo del promedio del 96 % registrado en los últimos tres años.
El problema no es solo el nivel de reservas, sino la velocidad de reposición. Alemania concentra cerca del 25 % de la capacidad total de almacenamiento de gas del continente, por lo que cada punto porcentual que deja de inyectarse tiene un impacto regional directo sobre la seguridad energética europea.
A esta situación se suma la debilidad del viento. En lo que va de año, la generación eólica alemana ha caído un 4 % respecto a 2024, y las previsiones apuntan a una producción un 45 % inferior a la media hasta mediados de noviembre. Si el patrón se mantiene, el gas seguirá cubriendo gran parte del hueco.
Las eléctricas también han incrementado ligeramente el uso de carbón, pero el gas sigue siendo la opción más flexible y disponible a corto plazo. Sin embargo, su coste se ha elevado por la competencia internacional por cargamentos de GNL y la recuperación de la demanda asiática.
El repunte del gas en generación está afectando a los precios de la electricidad, que muestran una tendencia alcista a medida que bajan las temperaturas. Los consumidores europeos podrían enfrentarse a un invierno con tarifas más altas, especialmente si las reservas se reducen por debajo de los niveles críticos.
En el plano político, la situación reabre el debate sobre la velocidad de la transición energética. Alemania, que aspira a reducir drásticamente su dependencia de combustibles fósiles, sigue enfrentándose a los límites técnicos y meteorológicos de un sistema renovable aún en expansión.
El comportamiento del viento en los próximos meses será clave para aliviar la presión. Si mejora la generación eólica, el país podrá reducir el uso de gas y recuperar parte de las reservas. Si no, Europa podría llegar al invierno de 2026 con menos margen y precios energéticos más inestables.