El conflicto se remonta a la crisis del Euromaidán, cuando protestas masivas en Kiev forzaron la salida del presidente Víktor Yanukóvich. Poco después, tropas rusas tomaron el control de Crimea y organizaron un referéndum no reconocido por la comunidad internacional.
En paralelo, estallaron combates en Donetsk y Lugansk entre separatistas prorrusos y fuerzas ucranianas. Entre 2014 y 2021, más de 14.000 personas murieron en esta fase inicial del conflicto.
Los Acuerdos de Minsk intentaron frenar la violencia, pero se convirtieron en papel mojado cuando Putin decidió que había llegado el momento de jugársela a todo o nada.
24 de febrero: el día que Europa despertó en guerra
El 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó una invasión a gran escala contra Ucrania. En cuestión de horas, columnas de tanques y ataques aéreos alcanzaron Kiev, Járkov y Odesa.
El presidente Vladímir Putin justificó la ofensiva con los objetivos de "desnazificación" y "desmilitarización" de Ucrania. Argumentos que sonaban más a excusas que a razones reales.
Los verdaderos motivos de Putin
Detrás de la retórica oficial, los objetivos rusos eran claros:
- Evitar la entrada de Ucrania en la OTAN
- Recuperar la "esfera de influencia" soviética
- Demostrar que Occidente no defendería a sus aliados
Occidente respondió con sanciones económicas sin precedentes y una ola de ayuda militar a Ucrania, que resistió el ataque inicial y recuperó parte del territorio en 2022 y 2023.
El precio de la guerra: cifras que duelen
Las cifras son dramáticas: estudios recientes estiman más de 1,3 millones de soldados muertos o heridos en ambos bandos desde 2022. Solo Rusia habría perdido más de 250.000 combatientes, mientras que Ucrania acumula al menos 80.000 muertos en filas militares.
La población civil ha sufrido de manera desproporcionada. Naciones Unidas confirmó más de 13.000 muertes civiles hasta 2025, entre ellos cientos de niños.
A esto se suma el desplazamiento forzoso de más de 10 millones de ucranianos, de los cuales 6 millones viven como refugiados en otros países europeos. Familias enteras que perdieron todo de la noche a la mañana.
El mundo ya no es el mismo
La guerra alteró el equilibrio energético mundial, obligando a Europa a reducir drásticamente sus importaciones de gas ruso y a diversificar proveedores. La OTAN se reforzó con la entrada de Finlandia y Suecia, mientras que Rusia profundizó su acercamiento a China e Irán.
El conflicto también ha generado una carrera armamentística en Europa y un debate global sobre el uso de sanciones como herramienta de presión geopolítica.
¿Y ahora qué?
A pesar de las pérdidas humanas y materiales, el frente militar se encuentra prácticamente estancado. Rusia controla alrededor del 20% del territorio ucraniano, incluidas Crimea y parte del Donbás, mientras Ucrania depende de la ayuda occidental para sostener la guerra.
Los analistas coinciden en que el escenario más probable es la prolongación del conflicto, con avances mínimos y un alto coste humano y económico.
Las perspectivas de una solución negociada siguen lejanas, en un contexto de desconfianza y recrudecimiento de la violencia. Una guerra que empezó como una "operación especial" de tres días se ha convertido en el conflicto más largo y devastador de la Europa del siglo XXI.