La inteligencia artificial no solo está cambiando cómo nos comunicamos o trabajamos. Un nuevo informe de la Organización Mundial del Comercio (OMC), presentado el 17 de septiembre en Ginebra, advierte que la IA podría aumentar el comercio internacional en casi un 40% de aquí a 2040.
El estudio, titulado Informe sobre el Comercio Mundial 2025, proyecta que el comercio global crecería entre un 34% y un 37% bajo distintos escenarios. Al mismo tiempo, el PIB mundial se expandiría entre un 12% y un 13%, impulsado por menores costos logísticos, eficiencia en las cadenas de suministro y una mayor productividad gracias a la automatización inteligente.
“La IA podría ser un punto brillante para el comercio en un entorno cada vez más complejo”, afirmó Johanna Hill, directora general adjunta de la OMC. Subrayó que esta tecnología abarata trámites, agiliza comunicaciones y abre oportunidades a pequeños productores para alcanzar mercados internacionales.
Entre los beneficios señalados en el documento se encuentra el uso de traducción automática en tiempo real, que facilitaría transacciones entre continentes. También se destacan mejoras en la verificación de normativas y aduanas, con el potencial de ahorrar miles de millones en costos de cumplimiento.
El informe no se limita al optimismo. Advierte que la IA podría ampliar las brechas entre economías avanzadas y países en desarrollo si no se realizan inversiones en infraestructura digital y educación. En el caso de los países de bajos ingresos, la OMC calcula que las exportaciones podrían crecer hasta un 11% siempre que fortalezcan su capacidad tecnológica.
Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la OMC, fue clara durante la presentación en Ginebra, “La IA transformará los mercados laborales, generará nuevos empleos y desplazará otros. Los gobiernos deben invertir en educación, capacitación y redes de seguridad social para que la transición sea justa”.
El informe también recomienda mantener un comercio internacional predecible, con normas claras y menores aranceles sobre bienes esenciales para la IA, como los semiconductores. De esta forma, se busca que los beneficios de la tecnología lleguen a más países y sectores.
La conclusión es contundente, la inteligencia artificial marcará un antes y un después en la economía mundial. Sin embargo, sin políticas inclusivas y coordinación internacional, la revolución tecnológica podría dejar atrás a millones de trabajadores y profundizar la desigualdad global.